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“En busca de nuestras huellas”, la dimensión espiritual de las religiones del mundo

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Con lenguaje sencillo y con toda una vida de experiencia en el ámbito religioso, Hans Küng (Suiza, 1928), se ha adentrado en el mundo de las principales religiones del mundo con En busca de nuestras huellas (Editorial Random House Mondadori de su serie Debolsillo) y como se puede leer en el subtítulo, trata sobre “la dimensión espiritual de las religiones del mundo”.

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Las siete religiones que aborda son: religiones tribales, hinduismo, religión China, budismo, judaísmo, cristianismo e islam, cada una con una mirada equilibrada y evitando el prejuicio, con la finalidad de exponernos cada una de estos pensamientos sin fines tendenciosos.

En más de 400 páginas, Küng expresa la importancia de conocer el mundo de las religiones, y es que vivimos en un mundo en el que a la par de los grandes desarrollos tecnológicos y culturales, conviven toda clase de expresiones religiosas, desde las históricas, que son tratadas en este libro, hasta los nuevos movimientos religiosos surgidos en los últimos años.

Así que, como bien lo dice Hans Küng, “cualquier persona que se precie de culta, o mínimamente informada, no puede darse el lujo de privarse al menos de un conocimiento básico sobre las religiones que hoy perviven en el mundo”, y que En busca de nuestras huellas lo ofrece de manera sobrada.

En esta obra Küng tiene como propuesta principal el entendimiento mutuo entre las religiones del mundo, la cual parte de una ética universal, sin embargo Küng hace lo necesario para evitar que alguien piense que se trata de un ecumenismo que busca la unificación religiosa.

La meta de un entendimiento interreligioso mundial ha de ser una ética común a la humanidad, por lo que Küng desarrolla una serie de postulados notables al explicar que “la meta de un entendimiento a nivel mundial entre las religiones no puede ni debe ser una religión universal unitaria. De todos modos, una religión de ese género no se vislumbra en ningún lugar de la Tierra”.

Hans Küng no sólo escribe como teólogo, sino también como un pastor que busca ejercer un ministerio curativo para los problemas actuales que aquejan al mundo, entre los cuales, lamentablemente, están los conflictos religiosos, propagados por fundamentalistas y fanáticos que olvidan que el primer postulado de toda teología o doctrina religiosa, es el entendimiento de que Dios es paz y amor.

En busca de nuestras huellas, una obra apremiante y tan necesaria para la sana convivencia e interrelación del género humano en nuestros días.

Jorge Iván Garduño
@plumavertical
 
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Chinola Kid: narcotráfico, vaqueros y heroísmo puro

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El estado de indefensión ante el crimen organizado en el que nuestro país ‒por desgracia‒ ha caído, sin lugar a dudas es motivo suficiente para que ciudadanos movidos por su entorno busquen exorcizar los demonios que se encuentran sueltos a lo largo y ancho del territorio nacional, y sobre este tema, en los últimos años el ejercicio literario es buena muestra de ello.

Una sociedad herida, lacerada, siempre estará sedienta de buenas historias con finales conmovedores, aunque en el camino se derrame sangre… ¡mucha sangre!, gente inocente muera o pierdan a sus seres amados y posesiones que por años acumularon gracias a su trabajo honesto; siempre que el relato brinde una bocanada de aliento… eso es vital.

Chinola Kid (Random House Mondadori, 2012), del escritor mexicano Hilario Peña (1979), no solo proporciona al lector aire fresco en medio de un ambiente fúrico, sino que además es una obra que cuenta con elementos bien estructurados en el ambiente del narcotráfico y sólidas bases en las aventuras de vaqueros, dando como resultado una novela reflexiva con altos niveles de adrenalina e hilaridad.

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Peña, quien reside en Tijuana ‒fronteriza ciudad del norte de México‒, nos lleva con su relato por intrincados senderos que se bifurcan en agrestes escenarios donde el narcotráfico, la violencia y la seducción de las mujeres, acechan por los caminos transitados por hombres, de los que el único pecado ha sido ser asesinos a sueldo.

El Tecolote, población sinaloense nacida de la inventiva de Hilario Peña, es una comunidad donde el índice delictivo es extremadamente alto, y bien puede representar la actividad habitual de muchas comunidades de hoy día, donde las figuras de autoridad son capos del narco y oscuros personajes de la política involucrados siempre en negocios de mala caña.

Los pocos pobladores se han convertido en minoría comparados con el constante peregrinar de las balas de las que son presa, así que es necesaria una figura que haga respetar la ley y devuelva la tranquilidad en la zona, por lo que al puro estilo de aventuras del Viejo Oeste, surge enfundado en botas de piel, camisa y pantalones vaqueros, y su reluciente sombrero Stetson, Rodrigo Barajas alias el Chuck Norris, quien de ser un mal encarado personaje vomitado por el submundo del narcotráfico pasa a ser un ser quien buscará su redención como alguacil de El Tecolote.

Chinola Kid, un narcowestern que disfrutará ‒apreciable lector‒ de principio a fin, con personajes castigados por la rivalidad y el odio, la avaricia y el deseo, el rencor y la osadía, y siempre ante el pasmo y la impotencia de la legalidad.

Una obra salvajemente escrita, Chinola Kid está impregnada de pólvora, sangre, pero sobre todo de mucho heroísmo, tan necesario y eficaz en tiempos tan convulsos como los que vivimos hoy en día.

En definitiva, Hilario Peña ha recreado una obra literaria con los trágicos elementos del narcotráfico y el arrojo de los personajes de las narraciones vaqueras, pero que no es menos que una voz inteligente que se eleva en medio de un salvaje y cruel desierto fulminante.

Jorge Iván Garduño
@plumavertical
 
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