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“Hitler, mi vecino”

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Fue en 1945 cuando el régimen de Adolf Hitler sucumbió al poderío militar de Los Aliados, casi ya siete décadas de aquel momento histórico, y a pesar del tiempo, la sombra fría y alargada que proyectan los campos de concentración nazi, Auschwitz y todo el horror vivido en Europa persisten en recordarnos lo cruel e intolerantes que podemos llegar a ser los seres humanos con nuestros iguales, ya que definitivamente en la historia de la humanidad ésta ha sido la constante.

Si bien el siglo XVIII es recordado por la Revolución Industrial que se sucedió en Inglaterra, el siglo XX fue cruelmente marcado por dos guerras mundiales, pero muy en especial por las armas y métodos de destrucción masiva que fueron utilizados a diestra y siniestra por los nazis con tanta naturalidad como si de un día de campo se tratara.

Tan profundo y hondo se ha arraigado en la disertación del hombre posterior a la segunda mitad del siglo pasado la eliminación masiva del pueblo judío, que la cantidad de tinta vertida en papel por pensadores, intelectuales, escritores y filósofos respecto a la gran catarsis que esto representó, bien podría servir para teñir de negro las costas alemanas.

Y es bajo esa sombre alargada y helada que se sitúa la obra de Edgar Feuchtwanger Hitler, mi vecino. Recuerdos de un niño judío (Anagrama), en la que hoy, a los 90 años de edad ofrece un testimonio excepcional de un período que, en palabras del autor, para muchos “se ha convertido en algo abstracto. Mi aportación consiste en mostrar, a través de la emoción, lo que sentimos y experimentamos los que vivimos esos años”.

En 1929 Edgar Feuchtwanger, hijo de un editor y sobrino de Lion Feuchtwanger, el autor de la novela El judío Süss, famosísima en los años treinta del siglo pasado, vive una infancia feliz en Múnich. Desde la casa familiar, el ni­ño, de cinco años, ve al otro lado de la calle a un hombre con un curioso bigote, y cuenta cómo los que pasan por delante le hacen un raro saludo, levantando el brazo.

Su vecino no es otro que Adolf Hitler. Y así la familia judía compartirá barrio y calle con el que será nombrado en 1933 canciller alemán, hasta el año 1939, en que el adolescente, de quince años, se exiliará al Reino Unido.

La historia de la Alemania nazi nos es magistralmente relatada vista por los ojos de un niño desde la ventana de su cuarto: por ejemplo, el revuelo en la casa de Hitler, una mañana de 1934, después de la “noche de los cuchillos largos”.

También, desde el cada vez más amenazado hogar de la familia judía, vemos cómo la casa del Führer se convierte en una fortaleza, una brutal metáfora de la adquisición de poder y del ascenso de Hitler.

La voz de Feuchtwanger deja constancia de que la vida de Hitler no fue un asunto exclusivamente que atañera a los judíos, o a los que actualmente están esparcidos por el mundo, sino que en el fondo es un asunto de todos, la civilización misma que se alca como una voz de alerta para las actuales generaciones.

Hitler, mi vecino, conmovedora obra que a todos sus lectores evitará dejar indiferentes.

Jorge Iván Garduño

@plumavertical

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