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El “efecto Francisco”, un vistazo tras bambalinas [OPINIÓN]

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Fue una de las semanas más agitadas en la historia de Chile y el Perú, ya que en pocas ocasiones un visitante extranjero ha logrado atraer tales multitudes. Millones de personas realizaron esfuerzos casi heroicos por lograr una fugaz mirada al hombre que está cautivando por igual los corazones de católicos y no católicos.

En las imágenes, la mera presencia física del papa Francisco parecía capaz de hipnotizar a inmensas multitudes. En ocasiones bastó el más leve gesto de sus manos, o una palabra dirigida a una persona de su público, o bien, bajar de su vehículo y ayudar a alguna persona aparentemente enferma o lesionada por la jornada papal, para arrancar tempestuosos aplausos de la concurrencia.

Sus actividades, de lo que fue su sexta visita a América Latina, estuvieron repletas de actos y acontecimientos que los medios de comunicación cubrieron puntualmente. La atención que la prensa de Chile y Perú dedicó a la visita del Papa Francisco fue extrema.

El punto central en las visitas papales a lo largo de la historia han sido el vacío de liderazgo que padecen las naciones, y América Latina no es la excepción, ya que la corrupción en los gobiernos es un tema central de la política regional, que alcanza directamente a presidentes, primeros ministros y a instituciones de primer orden. El respeto que en el pasado inspiraban los gobernantes ha menguado debido a los escándalos de corrupción y mal gobierno, por lo que ese vacío está siendo ocupado en forma sutil por el líder de la Iglesia Católica.

El papa Francisco, tras cuatro años de pontificado, sabe que el catolicismo ha ido a la baja, en gran parte por los escándalos de agresión sexual (pederastia) que sus feligreses han denunciado en contra de sacerdotes, entre otras causas, por lo que Francisco está consciente que su iglesia requiere a un líder carismático, por lo que está tratando de convertir deliberadamente al papado en un oficio personal, como lo hiciera perfectamente Juan Pablo II, en aras de una estrategia bien adaptada a un anhelo mundial de liderazgo.

Y es que, para muestra, basta observar cómo millones de personas lo recibieron profundamente tanto en Chile como en Perú, conmovidas por el magnetismo personal de Francisco, este papa argentino de origen italiano está surgiendo como un líder moral de un Occidente que tiene hambre de héroes, de liderazgo, lo que coloca al Vaticano en una posición de adalid del mundo, “una cautivadora y modesta superestrella del catolicismo”.

Con cada viaje papal, va quedando constancia que la figura de Francisco surge no sólo como una fuerza espiritual, sino también política en el mundo, así dejaron constancia los cientos de periodistas locales y extranjeros al mostrar a la opinión pública a un líder católico que se erige por encima de todas las razas y naciones con la capacidad de hablar con “una gran autoridad moral”, ya que “todos los otros dioses” políticos y económicos han fracasado, y el papa mantiene un discurso dentro de ese generalizado sentimiento de pena en el mundo occidental, con relación al legado espiritual que se ha perdido.

Muestra de ello fue el mensaje final que dio previo a su regreso a Europa, mostrándose muy pesimista sobre la política latinoamericana, por lo que pidió a sus obispos que “hagan lo que puedan” para recuperar el valor de la honestidad, ya que la política de América Latina está muy enferma, “más enferma que sana”, externó.

Sin embargo, esta visita ha sido la más accidentada de Jorge Mario Bergoglio, al comprobar que durante la semana que ha pasado en Chile y Perú, el ‘efecto Francisco’ no funciona con todos los católicos, ni con todos los latinoamericanos, ya que su sexta estancia en la región ha destapado los enconos de la Iglesia Católica local: necesitada de esperanza, volcada con los pueblos amazónicos e indígenas, enfadada por la plaga de los abusos sexuales a menores cometidos por religiosos y escandalizada por los numerosos casos de corrupción cometidos por los políticos y altos funcionarios.

Asimismo, durante la Audiencia General que Francisco celebró el pasado 24 de enero en la plaza de San Pedro, en el Vaticano, y recordando su reciente viaje a Chile y Perú ante miles de católicos, expresó que durante su presencia en estos países latinoamericanos alentó “el camino de la democracia chilena con el método de la escucha”, especialmente hacia los pobres, los jóvenes, los ancianos, los inmigrantes y la protección de la tierra.

Es claro que el mundo necesita liderazgo, y la figura del papado siempre ha estado dispuesto a guiar a la humanidad erigiéndose en ese liderazgo que el mundo anhela.

Sin embargo, ¿es el papado el liderazgo que este mundo o nuestra región necesitan?

Tiempo al tiempo

Camilo Maccise, el carmelita mexicano que se enfrentó a El Vaticano

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“La Comisión para la Inmortalización”

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La idea de poder infundir vida a la materia inerte o a un cuerpo ya sin vida, ha cautivado al ser humano desde milenios. La eterna pretensión humana a través de sus prácticas científicas de igualarse a Dios, por ejemplo, la de reanimar un cadáver.

El hombre anhela el conocimiento y la sabiduría con la finalidad de “mejorar” la débil e imperfecta naturaleza del ser humano, tal vez el verdadero horror de nuestro mundo.

La búsqueda de ese conocimiento y perfección, ha puesto al hombre en una carrera de velocidad máxima y sin freno. La ciencia hoy día, pretende desarrollarse y controlarse hasta el punto de ser capaces de detener el curso de la naturaleza hacia la disolución muy al etilo del Dr. Frankenstein.

Esta idea de la reanimación la encontramos en gran parte del terror moderno, por otra parte, “la tentativa de alterar el orden natural caótico en aras de una certidumbre lineal es algo que la sociedad moderna hace continuamente”.

En la actualidad, “estamos decididos a forzar la naturaleza hasta en sus últimos reductos y lo hacemos con un ardor apasionado y una constancia inquebrantable; todo porque nuestros ojos permanecen insensibles a los encantos de ella, la naturaleza”.

En La Comisión para la inmortalización. La ciencia y la extraña cruzada para burlar a la muerte (Sexto Piso) John Gray reflexiona sobre los conceptos de ciencia y religión, para demostrar que incluso ahora que vivimos en una época formalmente secular –al menos desde el punto de vista político y científico–, las sociedades continúan evadiendo el miedo a la muerte mediante sistemas de pensamiento que permiten creer al hombre en su inmortalidad. En el fondo, argumenta John Gray, lo verdaderamente humano consiste en aceptar nuestro carácter finito, pues los experimentos colectivos para intentar negar la muerte han producido gran dolor y destrucción, en aras de evitar aquello de lo que jamás podremos escapar.

Leonid Krasin fue un ingeniero de la antigua Unión Soviética que propuso congelar el cadáver de Lenin para devolverlo a la vida cuando fuera científica y tecnológicamente posible. Formaba parte de la conocida como “Comisión para la Inmortalización”. Y de ello trata precisamente el nuevo y fascinante ensayo de John Gray: de la obsesión humana por trascender la mortalidad. Si por un lado los investigadores psíquicos victorianos pretendían demostrar de una manera científica la existencia del alma y para ello se servían de extrañas sesiones de espiritismo en las que escribían textos automáticos interconectados para entrar en contacto no con el magma del inconsciente –como harían más tarde los surrealistas–, sino con el más allá, los “constructores de Dios” de la Unión Soviética, por su parte, no buscaban pruebas de vida después de la muerte, sino divinizar a la humanidad a través de la técnica y la razón, creando a un nuevo hombre libre de toda imperfección. Pero para matar a la muerte habría que matar primero al hombre. Y eso hizo, de manera implacable, la eficiente máquina de muerte soviética. Espiritismo, bolcheviques, Darwin, dobles agentes, extravagantes profesores ingleses, presencias ultramundanas, sociedades secretas, Stalin, extraterrestres, mesías póstumos y la momia de Lenin… Una galería de personajes y de situaciones digna de una novela –si no perteneciera ya a esa novela insuperable que es la historia– y que en manos de John Gray da lugar a un ensayo lúcido y apasionante sobre la necesidad que siempre ha tenido el hombre –ya sea a través de la religión o de la ciencia– de creer en la inmortalidad. En realidad, nos dice Gray, se trata de un profundo miedo a lo ingobernable, a esa contingencia que rige el destino de todos los seres humanos y que habría que aceptar con humildad: “El más allá es como la utopía, un lugar donde nadie quiere vivir”.

Para aproximarse a la perfección, un hombre debe conservar la calma y la tranquilidad de espíritu sin permitir jamás que ésta se vea turbada por una pasión o un deseo momentáneo, esta reflexión me deja La Comisión para la inmortalización.

No creo que la búsqueda del saber sea una excepción a la regla.

Si el estudio al que uno se consagra puede llegar a destruir su gusto por los placeres sencillos que no pueden ser mixtificados, otorgándonos la posibilidad de adentrarnos en las pasiones humanas con más comprensión y autoridad de las que ofrece el simple relato de hechos estrictamente reales, vale muchísimo la pena, por consiguiente, La Comisión para la inmortalización es de sobra una obra única y apasionante.

Jorge Iván Garduño

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“En busca de nuestras huellas”, la dimensión espiritual de las religiones del mundo

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Con lenguaje sencillo y con toda una vida de experiencia en el ámbito religioso, Hans Küng (Suiza, 1928), se ha adentrado en el mundo de las principales religiones del mundo con En busca de nuestras huellas (Editorial Random House Mondadori de su serie Debolsillo) y como se puede leer en el subtítulo, trata sobre “la dimensión espiritual de las religiones del mundo”.

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Las siete religiones que aborda son: religiones tribales, hinduismo, religión China, budismo, judaísmo, cristianismo e islam, cada una con una mirada equilibrada y evitando el prejuicio, con la finalidad de exponernos cada una de estos pensamientos sin fines tendenciosos.

En más de 400 páginas, Küng expresa la importancia de conocer el mundo de las religiones, y es que vivimos en un mundo en el que a la par de los grandes desarrollos tecnológicos y culturales, conviven toda clase de expresiones religiosas, desde las históricas, que son tratadas en este libro, hasta los nuevos movimientos religiosos surgidos en los últimos años.

Así que, como bien lo dice Hans Küng, “cualquier persona que se precie de culta, o mínimamente informada, no puede darse el lujo de privarse al menos de un conocimiento básico sobre las religiones que hoy perviven en el mundo”, y que En busca de nuestras huellas lo ofrece de manera sobrada.

En esta obra Küng tiene como propuesta principal el entendimiento mutuo entre las religiones del mundo, la cual parte de una ética universal, sin embargo Küng hace lo necesario para evitar que alguien piense que se trata de un ecumenismo que busca la unificación religiosa.

La meta de un entendimiento interreligioso mundial ha de ser una ética común a la humanidad, por lo que Küng desarrolla una serie de postulados notables al explicar que “la meta de un entendimiento a nivel mundial entre las religiones no puede ni debe ser una religión universal unitaria. De todos modos, una religión de ese género no se vislumbra en ningún lugar de la Tierra”.

Hans Küng no sólo escribe como teólogo, sino también como un pastor que busca ejercer un ministerio curativo para los problemas actuales que aquejan al mundo, entre los cuales, lamentablemente, están los conflictos religiosos, propagados por fundamentalistas y fanáticos que olvidan que el primer postulado de toda teología o doctrina religiosa, es el entendimiento de que Dios es paz y amor.

En busca de nuestras huellas, una obra apremiante y tan necesaria para la sana convivencia e interrelación del género humano en nuestros días.

Jorge Iván Garduño
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Bajo el mismo cielo

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La pequeña cierra los ojos como consecuencia de la falta de oxígeno que se le está impidiendo llegue hacia sus pulmones. Los pupitres de madera que llenan la habitación de paredes blancas adornadas con gráficas del cuerpo humano y mapas territoriales se difuminan ante sus ojos, y sólo alcanza a echarle un final vistazo de reojo al calzado negro de quienes son testigos inertes, mas no silenciosos, de la agresión de la que es objeto.

Casi inconsciente, el último aliento lo utiliza para indicarle a su brazo derecho que tome la mano de su joven agresor y, en lo que sería un intento desesperado, zafarse del bravucón de un tirón… por las risas de sus demás compañeros sabe que su empresa ya es imposible e inútil. Pierde la lucidez no sin antes preguntarse: “¿por qué a mí?”

Por desgracia, este relato que describí en una breve escena es verídico, sucedió en la escuela primaria José María Morelos de Hermosillo, en el norteño estado mexicano de Sonora, pero casos como éste se suceden cada día con mayor frecuencia, ya sea en la Ciudad de México, Yucatán, Jalisco, Tamaulipas, Baja California Sur o Sonora, acontecen dejando de ser ficciones producto de la imaginación de un bucólico escritor, quedando expuestas a la opinión pública al mostrarse en las redes sociales luego de ser grabadas mediante un dispositivo móvil.

Lo alarmante es que este ejemplo puede ser un caso de muchos otros que nunca conoceremos, ni mucho menos deberían de sucederse; en la actualidad lo llaman bullying, una palabra cada vez más habitual en nuestra sociedad, efecto de la intolerancia… y la intolerancia es discriminación, el origen de los grandes males de nuestro mundo, desde Anchorage hasta Tierra del Fuego; de Reikiavik, Islandia, hasta Ciudad del Cabo, Sudáfrica; de Turquía a Japón o Sydney, pasando por Ciudad de México, las noticias en la prensa se ocupan más de estos casos nada alentadores para una sociedad en plena decadencia.

Los seres humanos podemos llegar a ser intolerantes con nuestros semejantes, además de que como adultos somos el ejemplo de los más pequeños del hogar, quienes replicarán lo que ven, oyen y sienten en casa primordialmente, por tal motivo es indiscutible que para inhibir la discriminación se deben implementar políticas públicas enfocadas a cada familia en todos los estratos sociales… lo que significaría sólo el inicio de concientizar a la comunidad.

La discriminación puede iniciarse por nimiedades tales como no aceptar que nuestro prójimo sea del sexo opuesto; por vestir ropa diferente a la nuestra; tener un pensamiento distinto al que consideramos debe ser el adecuado únicamente por ser “el mío”; expresarse con algún acento distinto al de la región donde se vive; no hablar nuestra misma lengua; o que su color de piel no nos agrade; sea migrante; o sencillamente porque comparte creencias religiosas diferentes a las nuestras. Tristemente la discriminación la “practicamos” todos en mayor o menor medida.

La discriminación no es en absoluto el asunto privado de unos cuantos ciudadanos esparcidos por el territorio, sino el acontecimiento definitorio para alcanzar una sana sociedad, por lo que debemos reflexionar a fin de actuar por nuestro propio bien, ya que no hace falta ser una jovencita de sexto año de primaria de Hermosillo, Sonora estrangulada por un compañero de clase, ni ser un adulto de las comunidades indígenas desplazado de su tierra simplemente por no tener dinero ni títulos de propiedad o una mujer embarazada despedida de su trabajo para que el grito de irritación de la humanidad alcance el alma de la persona, a fin de que reconozcamos en ellos nuestra propia voz de dolor e indignación.

Hace unos días se cumplieron 10 años de la Ley Federal para Prevenir y Eliminar la Discriminación en nuestro país, promovida tras la alternancia en el poder al principio del siglo XXI, con lo cual se han ganado importantes luchas a favor de grupos vulnerables. Sin embargo, vemos que la cuestión más compleja de erradicar son los estereotipos adquiridos, situación de la que nos damos cuenta cuando hay una expresión inadecuada hacia una persona –como ha sido el caso de esta menor de edad originaria de Jalisco, que por su acento y condición social fue molestada por sus compañeros–, hecho (justificado) por lo que la sociedad se agita, las redes sociales se prenden… pero la situación de las comunidades indígenas que están siendo marginadas y excluidas en la actualidad no parece ser un tema de alarma para esta nación en su conjunto. Es ahí donde hace falta poner los puntos sobre las íes.

Debemos seguir trabajando para eliminar la discriminación en nuestro país, que es la trinchera en la que estamos, pero no olvidemos que las primeras acciones comienzan con nosotros y en nuestros hogares, enseñando la buena convivencia hacia los demás a fin de propiciar la tolerancia y el respeto mutuo, necesarios hoy más que nunca.

Al final de cuentas no debemos olvidar que todos, sin excepción, vivimos bajo el mismo cielo.

Jorge Iván Garduño
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¿Habemus Papam?

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La incertidumbre sobre la salud del todavía presidente venezolano Hugo Chávez y la suspicacia que genera en los medios internacionales dominaron los titulares de la prensa por varias semanas de finales de 2012 y lo que va del 2013.

La secuencia de tiroteos en la Unión Americana –cada día más frecuentes– alcanzó niveles que transitaron del pánico a la cotidianeidad más irracional al ver rebasado al hombre ‘más poderoso del mundo’ por la organización de derechos civiles más antigua de los Estados Unidos, me refiero a la Asociación Nacional del Rifle (NRA, por sus siglas en inglés), por lo que semana tras semana al saber de nuevas refriegas en colegios, centros comerciales o hasta juzgados, éstas ocuparon las primeras planas en los periódicos y espacios noticiosos en radio, televisión e internet.

Una explosión en el anexo B2 de la torre administrativa de la paraestatal de Petróleos Mexicanos (Pemex) en pleno corazón del Distrito Federal ha sido la nota en los últimos días en México, y retomada en otros países a través de medios informativos. Y cómo no ha de serlo, si dejó cerca de 40 muertos, más de 100 heridos, cuatro pisos prácticamente destruidos; y la explicación de las autoridades no ha dejado conforme a muchos que señalan omisiones y una prisa excesiva –si es que es válido y no una redundancia– por dar carpetazo al hecho.

Sin embargo, y a pesar de tantas noticias relevantes y millones de muertes que a diario se suceden, como por ejemplo los cerca de 70 mil muertos en Siria tras casi dos años de guerra, en las primeras horas del pasado lunes –tiempo de México–, llegó un anuncio desde la Ciudad del Vaticano hecho de propia voz por quien es considerado el máximo jerarca de la Iglesia Católica: Benedicto XVI, mismo que reproduzco a continuación:

Después de haber examinado ante Dios reiteradamente mi conciencia, he llegado a la certeza de que, por la edad avanzada, ya no tengo fuerzas para ejercer adecuadamente el ministerio petrino. […] Por esto, siendo muy consciente de la seriedad de este acto, con plena libertad, declaro que renuncio al ministerio de Obispo de Roma, Sucesor de San Pedro, que me fue confiado por medio de los Cardenales el 19 de abril de 2005, de forma que, desde el 28 de febrero de 2013, a las 20:00 horas, la sede de Roma, la sede de San Pedro, quedará vacante y deberá ser convocado, por medio de quien tiene competencias, el cónclave para la elección del nuevo Sumo Pontífice.

Así lo declaró Joseph Ratzinger, y de inmediato, como pólvora encendida, llegó la noticia con un dejo de incredulidad a cada nación de este planeta, fueran o no católicos: “Benedicto XVI renuncia a su pontificado”.

Y sí que es una noticia relevante, ya que si de por sí en todo el orbe se suceden ataques, atentados, hambrunas y enfrentamientos donde decenas mueren, la noticia de que el Papa renuncia a su cargo es trascendental, y no sólo por los más de mil 200 millones de católicos practicantes que hay en el mundo, sino también por la crisis agravada en la Unión Europea o los Estados Unidos donde se vive un dilema geopolítico y el papel que el Vaticano lleva en todo este asunto, ya que en cada país tiene a un representante autónomo de su fe.

Sumado a esto, observamos las tenciones en el mundo árabe y su odio por todo lo que huela a norteamericano, o tenga rastro de judío… y qué decir de católico o cristiano; por lo que la reflexión acerca del devenir político-religioso en el que entró El Vaticano tendrá repercusiones que se harán sentir muy pronto.

Por lo que la presión aumenta para Roma de no contar con un líder que sepa lidiar con estos retos… y de ser preferible, deberá tenerlo antes de que termine la Cuaresma, que inicia este 13 de febrero.

El antecedente más cercano de una renuncia papal es de 1415, cuando Gregorio XII lo hizo en medio de una de las peores crisis que ha vivido el catolicismo, y aunque aparentemente hoy día no es la misma situación que la de hace casi 600 años, algo muy grave debió motivar a Benedicto XVI para renunciar precisamente en el ‘Año de la fe’ y arriesgarse a que el Vaticano tuviera dos Papas, uno en funciones y el otro emérito, algo de lo que muy probablemente no salga nada bueno.

En fin, la religión siempre ha sido un tema que a muchos ha fascinado y a otros tantos los ha enfrascado en discusiones estériles, pero lo cierto es que vaya aprieto en el que el teólogo Ratzinger ha puesto a la Iglesia Católica: menos de 40 días para elegir a un representante… 117 cardenales menores de 80 años podrán elegir y ser elegidos, ¿pero de qué nacionalidad, región, corriente teológica o incluso color de piel tendrá que ser?, porque esas cuestiones al final del día explicarán la postura del Vaticano ante el mundo entero, ya sea practicante, ateo, judío, griego, árabe, cristiano o mahometano.

La cuenta regresiva ha iniciado y los dados para algunos ya están cargados… será que para la Pascua dirán: ¿habemus Papam?

Jorge Iván Garduño
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José Saramago, un intelectual ateo

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Condenado, vituperado, exaltado, amado, premiado, odiado, José Saramago (1922-2010) causó demasiadas reacciones por más de medio siglo con su trabajo literario alrededor del mundo, creador de obras tan decisivas para él y comprometedoras para otros.

Desde sus primeros artículos publicados en Portugal, Saramago mostró su intensidad con la pluma para reflexionar sobre el ser humano, el espacio y el tiempo desde un punto de vista ético y comprometido con su partidismo comunista.

Debido a los escasos recursos que su familia tuvo para brindarle estudios universitarios, debió estudiar una carrera técnica de mecánico, fue así como obtuvo su primer empleo formal, con lo que consiguió los ingresos necesarios para comer y aprovechar sus tiempos muertos para perfeccionar el ejercicio periodístico y aprender otras lenguas además del portugués.

En la década de 1970, José Saramago sufrió persecución política por parte del gobierno dictatorial de Antonio de Oliveira Salazar, ya que el novel periodista persistía en publicar las acciones represivas del Estado Nuovo que proclamaba en esos años el partido único en el poder: la Unión Nacional.

Luego de formar parte de la Revolución de los Claveles, la cual instauró la democracia en Portugal, en su faceta como periodista José Saramago trabajó en el Diario de Noticias de Lisboa, un periódico de izquierda moderada, donde colaboró como redactor y posteriormente fue director adjunto.

En menos de seis años logró equilibrar sus ideas políticas con las intelectuales, y en ese tiempo se dio a conocer con su novela Alzado del suelo (1980), un libro que le valió revelarse al mundo literario como un gran novelista maduro y renovador, características difíciles de encontrar en escritores de su generación, y que lo han llevado a los más altos círculos intelectuales.

A pesar de no contar con estudios de alto rango, Saramago nunca ha mostrado falta de conocimientos en sus poemas, obras de teatro, artículos periodísticos históricos o novelas, muy por el contrario, siempre ha demostrado estar dotado de una capacidad propia para imprimir a sus escritos un sello característico.

Su sello o estilo propio comienza desde el lenguaje que utiliza en sus libros, este tipo de lenguaje, en varias ocasiones prosaico, es de llamar la atención, ya que suele transmitir una inflexión impersonal, sin dejar de ser una obra con elevados índices de intelectualidad; algo que Saramago maneja magistralmente.

Las estructuras utilizadas por él en sus novelas y ensayos son sólidas, con un estilo humorístico, sarcástico y muy bien documentadas históricamente, sin pasar por alto el escepticismo tan característico en este escritor ateo por nacimiento y solidario con la gente del pueblo por vocación.

Y es precisamente su ateísmo conjugado con su solidaridad lo que lo motivó a escribir novelas como El evangelio según Jesucristo, donde por un lado echa por el suelo el dogmatismo evangélico y por otro intenta exaltar el amor humano, que dicho por él mismo, debería estar por encima de toda condición personal.

Esta novela lo llevó a enfrentarse de lleno con la Iglesia Católica y con una parte de la sociedad portuguesa más conservadora, al grado que debió abandonar la ciudad de Lisboa y establecer su lugar de residencia en la isla española de Lanzarote, en las islas Canarias, donde murió el 18 de Junio de 2010.

El evangelio según Jesucristo nos recuerda a la obra cumbre del griego Niko Kazantzakis, tal vez por la utilización de los pasajes bíblicos de tiempos de Cristo, pero independientemente de la trama novelesca, lo que José Saramago intentaba en un inicio con su novela, fue cuestionar las creencias religiosas para así procurar liberar a la gente más desprotegida de las manos de la hipocresía católica, que no sólo lucra con la ignorancia que la gente tiene sobre un libro (La Biblia), sino que además los despoja de dinero y objetos de valor, acentuando así su pobreza.

No ha sido la manera más ortodoxa de enfrentar una fe, mucho menos la de defender un ateísmo rampante, pero a su manera José Saramago fue fiel a su escepticismo racional, y así lo dejó en claro con su último libro publicado en vida: Caín. Aunque a final de cuentas, tanto atacar o hablar de algo que uno piensa y dice que no existe, es equivalente a gritarle al mundo que de verdad crees que con mencionarlo tantas y tantas veces es posible demostrar que existe o hay algo superior que no comprendes.

José Saramago, un hombre que utilizó la escritura para desdoblarse tantas y tantas veces, para mirarse a sí mismo en una habitación llena de espejos, para susurrarse al oído estoicas frases nacidas de su imaginación o recitarse poemas dirigidos a Pessoa, pero inspirados por Ricardo Reis bajo la pluma de Saramago.

En definitiva, un escritor que albergó la necedad en su imaginación, y en su pluma la capacidad intelectual.

Jorge Iván Garduño
Fotógrafo, escritor y periodista mexicano.
jorgeivangg@hotmail.com
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http://efektonoticias.com/cultura/jose-saramago-un-intelectual-ateo
 
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Inocencio III, tal vez el Papa más poderoso de la historia

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Con una ausencia del ambiente literario de 10 años, Gerardo Laveaga se hace presente con una obra ambiciosa, El sueño de Inocencio (Editorial Planeta, 2006). Con este libro, Laveaga, nos demuestra la madurez que ha adquirido como escritor -si es que aún había que demostrarlo-, y a la vez la vigencia que tienen los temas religiosos.

Muy pocos apostarían en la actualidad por un libro que nos narra la vida de un aristócrata italiano de finales del siglo XII, sin embargo, cuando este personaje tiene un ascenso vertiginoso en el clero (aunque éste sea sólo secular), alcanzando a muy corta edad la silla papal y cambiando el rumbo de la Iglesia Católica…, es cuando el relato merece ser mayormente leído.

El sueño de Inocencio narra la trayectoria personal de Lotario de Segni, quien cerca de cumplir los 38 años de edad, es elegido para ocupar la silla de San Pedro, haciéndose llamar Inocencio III (1198-1216). Por esos años, Europa vivía una fase política muy convulsiva, el imperio germánico estaba a punto de absorber a la Iglesia, la cual no ocupaba ya un lugar de preponderancia ante los monarcas y sus fieles.

Con lucidez, talento narrativo y un flujo artístico que a muchos les parecerá demasiado atrevido, Gerardo Laveaga, fascinado siempre por la religión y la observación del poder político, reconstruye una vida y una época histórica en ésta su máxima.

En sus casi 400 páginas, el autor nos lleva a través de intrincados campos bifurcados, donde nos asomamos a la lucha interna que sostiene Lotario de Segni, entre la indecisión de continuar con su carrera eclesiástica o la de contraer matrimonio.

La pluma de Laveaga, luego de poco más de dos años de investigación y consulta en documentos, textos y archivos a los cuales tuvo acceso en las universidades italianas, además de una estricta documentación en EE. UU., el Vaticano, países de Europa y México; plasma a un Lotario enamorado de una sola mujer y obsesionado por las relaciones sexuales que sostienen.

Bruna, la mujer de la que se enamoró, es pieza relevante en las decisiones que tendrá que tomar el conde de Segni y que repercutirán en la historia misma de la humanidad; Bruna estará siempre presente en la vida de Lotario de Segni, y a la postre de Inocencio III hasta su muerte.

El hilo conductor, en esta destacada novela histórica, es la soledad de un hombre que lucha por la supervivencia de la Iglesia Católica, <<logrando convencer a la cristiandad de que él no sólo era el sucesor de San Pedro sino el representante de Jesucristo mismo en la Tierra>>. En sus discursos ya como Papa reiteraba ante los fieles, que él representaba a Jesucristo, pronto esta creencia fue asimilada junto con otras tantas que Inocencio III impuso.

“Inventó” mecanismos de control para los creyentes como lo es la confesión, el matrimonio indisoluble y el decreto de excomunión, enfrentó a la Iglesia de Constantinopla, aniquiló el movimiento de los cátaros, convocó dos cruzadas, apoyó a Domingo de Guzman en la fundación de los dominicos (una especie de policía que exigió se quemara a todo aquel que no rindiera sumisión a la Iglesia Católica). Esto le permitió llevarla a su momento cúspide.

Sin lugar a dudas ejerció una gran influencia entre los monarcas y el pueblo, convirtiéndose en el Papa más poderoso de la historia. <<Considerado por el teólogo Hans Küng “tal vez el Papa más brillante de todos los tiempos” y por la revista Life como uno de los 100 hombres que más influyeron en el milenio que acaba de transcurrir, Inocencio III es retratado en esta deslumbrante novela como un hombre que vivió intensamente el amor, el sexo, la soledad, el poder y el peso abrumador de la responsabilidad>>.

Gerardo Laveaga, a más de 20 años de haber obtenido el Premio Nacional de la Juventud, nos ofrece una obra llena de imaginación, contenido y comunicación donde el tema histórico ha servido de sostén, reconstruyendo la verdad histórica y resolviendo su complejidad con tanta eficacia literaria como seguridad en el manejo de las ideas.

Un escritor contemporáneo lo necesariamente alejado del Crack de Volpi, pero literariamente cercano a los mejores representantes de la generación del Crack[1] y del boomerang mexicano.[2]


[1] Jorge Volpi, Pedro Ángel Palou, Ignacio Padilla, Eloy Urroz, Vicente Herrasti y Ricardo Chávez.

[2] Jorge Volpi, Xavier Velasco, Pedro Ángel Palou, Cristina Rivera Garza e Ignacio Padilla.

Jorge Iván Garduño
Fotógrafo, escritor y periodista mexicano.
jorgeivangg@hotmail.com