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Escala crisis entre Estados Unidos e Irán [OPINIÓN]

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En las últimas semanas, el Gobierno de los Estados Unidos ha comenzado a aumentar la presión sobre Irán y construyendo día a día el caso contra el régimen de los ayatolás, lo que está provocando que la crisis entre estas dos naciones sigua escalando. Hay dos sucesos relevantes que hay que tomar en consideración, ya que, aunque parecieran hechos aislados, son en realidad sucesos que están interconectados.

Primeramente, hay que tomar en cuenta el anuncio por parte del presidente iraní, Hasan Rohani, al anunciar que finalmente comenzará a incumplir el acuerdo nuclear que ese país había firmado en 2015 con Washington, además de cinco potencias [China, Rusia, Reino Unido, Francia y Alemania] y la UE, pacto del que Trump se retiró hace ya más de un año. El Plan Integral de Acción Conjunta (PIAC), su nombre oficial, que limitaba el programa atómico de Irán a cambio del fin de las sanciones internacionales que acogotaban su economía, quedó reducido a letra muerta.

Un segundo suceso es, la aparente decisión de Teherán, o al menos de ciertos sectores en el ejército de Irán, de obstaculizar la libre transportación de petróleo y otros materiales a través del estrecho de Ormuz, por donde circula la quinta parte del hidrocarburo que se consume en el planeta.

Hace apenas unas semanas ocurrió una segunda ola de ataques a navíos comerciales de distintos países que circulaban por esa zona. A pesar de que Irán niega toda responsabilidad en estos incidentes, el solo hecho de que Washington (incluyendo tanto a republicanos como a demócratas), además de otros de sus aliados como Reino Unido, estén abiertamente acusando al gobierno de Rohani de los hechos, y estén presentando evidencia para sostener sus acusaciones, apunta ya a una escalada mayor en la crisis.

Ante esto, el gobierno estadounidense decidió anunciar el envío de mil soldados norteamericanos al contingente que se suman a los ya desplegados en Oriente Próximo, lo que ha sido considerado por Rusia como una provocación, ya que Moscú cuenta con importantes intereses en la región. A la par, el presidente de Irán, Hasan Rohani, emitió un discurso donde asegura que su país “no va a hacer la guerra a nadie” pero, advierte que saldrá victorioso de la “guerra de voluntades y coacciones” a que le están sometiendo Estados Unidos y sus aliados.

Irán ha decidido ir tomando pasos paulatinos para irse retirando del acuerdo, acuerdo que la política de Donald Trump ha calificado como el peor acuerdo “de la historia”, de ahí la presión de EU de retirarse del mismo, e ir escalando la presión en contra de Irán a fin de orillarle a renegociar los términos del pacto.

La decisión de Irán implica ir poco a poco elevando los montos de uranio enriquecido que se producen (elemento indispensable para armar bombas atómicas), mantenerlo en el país (en lugar de exportarlo como estaba establecido en el pacto) e ir subiendo el grado al que ese uranio se enriquece. El acuerdo permite solo enriquecerlo al 3.67%, Irán ha indicado que en poco tiempo podría reasumir el enriquecimiento hasta incluso el 20%, los niveles previos al acuerdo.

Irán, abiertamente está amenazando con seguir dando pasos hacia el abandono definitivo del pacto nuclear. El mensaje es sobre todo hacia las potencias europeas firmantes, pero no nada más. El mensaje también está dirigido hacia Rusia y China. El gobierno de Hasan Rohani no está dispuesto ya a cumplir con su parte y, en lugar de recibir los beneficios que ello suponía, seguir padeciendo los efectos por las sanciones de Washington al grado del casi colapso económico.

Lo anterior se produce en paralelo al sabotaje de distintos buques en la zona del estrecho de Ormuz, y aunque Irán niega su responsabilidad en estos incidentes, la evidencia recabada por parte de países occidentales y países árabes aliados de Estados Unidos les hace concluir que las Guardias Revolucionarias iraníes se encuentran detrás de estos hechos.

Lo que está ocurriendo en realidad es que, los círculos duros, tanto en Teherán como en Washington (y países aliados), están alimentando una espiral que podría rápidamente escalar hacia un enfrentamiento armado.

La posición de los más duros en la cúpula política iraní, tenemos la de las Guardias Revolucionarias, quienes han ido cobrando fuerza y están siendo abiertamente respaldada por el líder supremo, el Ayatola Alí Khamenei. Esto explicaría el paulatino retiro del pacto nuclear hasta la posible determinación de abandonarlo del todo, y la decisión de atacar los intereses de Washington y sus aliados de diversas formas. Una de esas formas sería, potencialmente, la de los sabotajes a buques petroleros que transitan por el estrecho de Ormuz como ha ocurrido en días pasados.

Esto se suma al distanciamiento que viven Irán y Rusia, tras los sucesos en Siria. Este tipo de circunstancias parecen estar aislando aún más a Teherán, haciendo que muchos en ese país consideren que bajo el colapso económico y el asedio diplomático que enfrentan, es preferible un comportamiento agresivo que orille a las otras partes a negociar bajo mejores términos para Irán, incluso ante el riesgo de tener que enfrentar un conflicto armado. Se acercan a un punto en que cada vez hay menos que perder.

Por el otro lado, tenemos a un Donald Trump que es crítico de las grandes intervenciones que Washington ha llevado a cabo en sitios lejanos como Irak o Afganistán, lo que en su opinión solo cuesta mucho dinero y vidas estadounidenses sin arrojar beneficios. Trump prometió retirar a su país de ese tipo de compromisos. Su idea, al abandonar el pacto nuclear, reactivar e intensificar las sanciones y la presión máxima sobre Teherán, no era detonar un conflicto armado sino orillar a ese país a negociar un “mejor” acuerdo.

Sin embargo, Trump parece no haber calculado que su decisión de salirse del acuerdo nuclear y de poner a Irán contra la lona, iba a robustecer las posturas más duras no solo en Teherán, sino también en Washington, donde una guerra sería lo que menos les importe.

Es probable que Irán siga dando pasos hacia su salida definitiva de dicho pacto. Si esto sucede, y/o si los incidentes de sabotaje continúan ocurriendo, se incrementará la presión sobre los secretarios de Estado y de Defensa Nacional de Estados Unidos en el Congreso, en el Senado y en el Pentágono sobre Donald Trump, quien se verá obligado a ordenar al menos uno o varios ataques que en principio podrían buscar ser limitados. El gran problema de los ataques limitados, sin embargo, es que nunca se sabe cómo responderá la parte atacada. Y si la respuesta es agresiva, la espiral podría salirse de control. Esto ya está teniendo importantes efectos sobre los mercados. El nerviosismo ha impactado el precio del petróleo, del oro, y se viene a sumar a los temores que existen a causa de otros asuntos como la guerra comercial entre EU y China, todo esto podría desatar desde una crisis de alimentos hasta una crisis severa de gobierno en infinidad de naciones.

Tiempo al tiempo.

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Washington-Moscú, la amenaza nuclear [OPINIÓN]

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TEXTO PUBLICADO EL 27 DE OCTUBRE DE 2018 EN LA SILLA ROTA

El fantasma de la Guerra Fría vuelve a recorrer el mundo tras el anuncio del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de retirarse del Tratado de Fuerzas Nucleares de Rango (Alcance) Intermedio que Washington y Moscú firmaron en 1987, justificándose el inquilino de La Casa Blanca diciendo que “Rusia está violando el acuerdo”, a lo que Moscú respondió diciendo que es “un paso muy peligroso” contra la seguridad global.

Abandonar un tratado de armas nucleares puede ser más peligroso que incumplirlo. Por eso Rusia reaccionó con preocupación a las declaraciones de Trump sobre la posible salida de Estados Unidos del Tratado de Fuerzas Nucleares de Rango Intermedio (INF), que coloca a las dos potencias en un escenario similar al de la Guerra Fría de los últimos años de la URSS.

La decisión de Trump pondría fin a lo que fue una primera alianza que llevó, en 1991, a la eliminación de todos los misiles balísticos y de crucero de medio y corto alcance de las dos potencias, un acuerdo clave para acabar con las tensiones de la Guerra Fría; este pacto eliminó misiles con un alcance entre 500 y 5.500 kilómetros.

“Moscú observa con preocupación lo que califica de nuevos intentos de EU de lograr mediante el chantaje que Rusia haga concesiones en materia de seguridad estratégica internacional”, respondió el viceministro de Exteriores ruso, Serguei Riabkov. El responsable diplomático acusó a Estados Unidos de actuar “torpe y toscamente” por retirarse unilateralmente de acuerdos internacionales. “Sería un paso muy peligroso”, aseguró Riabkov a la agencia Tass.

El propio ex líder de la URSS Mijail Gorbachov, firmante de ese acuerdo en 1987, declaró horas más tarde a la declaración de Donald Trump: “¿Realmente no entienden en Washington a qué podría conducir esto? Ante esta situación cabe convocar a la ONU y al Consejo de Seguridad, pues la decisión de Trump afecta a todo el mundo”, dijo Gorbachov, quien calificó de “inaceptable reanudar el desarrollo de armas nucleares”.

La retirada del INF marcaría una brusca ruptura en la política de control armamentístico de EU, y choca con la oposición de sectores moderados dentro del Departamento de Estado y del Pentágono norteamericano.

Rusia considera que la principal razón que explica la decisión de EU de abandonar el INF es que en Washington sueñan con un mundo unipolar, explicó a la agencia Sputnik una fuente de la Cancillería rusa. De ahí “la salida de los acuerdos internacionales que establecen obligaciones iguales para él y sus socios y estorban al concepto de su propia excepcionalidad como país”.

El embajador de Rusia en EU, Anatoli Antonov, declaró a la prensa el pasado 10 de octubre que el gobierno de Estados Unidos buscaba un pretexto para abandonar el Tratado INF y acusar de ello a Rusia.

“Últimamente se escuchan cada vez más a menudo las declaraciones de militares estadounidenses diciendo que necesitan misiles de alcance medio y más corto para contener a China… ¿Tal vez estén buscando un pretexto para salir del INF acusando de ello a Rusia?”, expresó entones el diplomático.

Por su parte, Donald Trump declaró que “Rusia y China tienen que venir y asegurar que no van a desarrollar esas armas”, en referencia a la preocupación de que este tratado bilateral ata a Washington y Moscú, pero deja vía libre a Pekín para desarrollar y desplegar este tipo de misiles, por lo que se puede entender como un intento de parte de la administración Trump de contrarrestar la expansión de la presencia militar de China en el oeste del Pacífico.

Nunca en los últimos 30 años ningún presidente de EU, por muy grandes que fueran sus diferencias, primero con la Unión Soviética y posteriormente con Rusia, había utilizado en su estrategia de política exterior el argumento nuclear y menos con tono amenazante.

Si bien es cierto que, en 2002 George Bush hijo se retiró de otro tratado nuclear firmado en 1972 que involucró a armas de carácter totalmente defensivo, pero en lo referente a lo declarado por Donald Trump, este asunto involucra el desarrollo de armas nucleares no exclusivas para la protección y defensa, lo que representa, sin duda, una amenaza planetaria.

Estamos ante un suceso sin precedentes, donde la amenaza, el infundir miedo, el arrebato y beligerancia son el sello del señor Donald Trump, un gobernante que baila y le coquetea al conflicto lanzando las piedras y escondiendo las manos.

Geopolítica del deporte: Rusia 2018 [OPINIÓN]

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TEXTO PUBLICADO EL 27 DE JULIO DE 2018 EN EL PERIÓDICO EL NACIONAL

El deporte comparte un papel preponderante junto con la política internacional, pero, sobre todo, los eventos deportivos masivos tienen una proyección internacional relevante en la geopolítica, debido a la gran penetración que estos tienen en las masas, de ahí que a lo largo de la historia los dirigentes sociales han utilizado estos escaparates a su favor desde que existen, ya que son escaparates de posicionamientos de discursos, marcas y temas en la agenda internacional, convirtiendo a sus gobiernos en el centro de las miradas mundiales.

Adolfo Hitler lo hizo durante los Juegos Olímpicos de Berlín 1936, con el mítico dirigible alemán tipo zeppelín, el LZ 129 Hindemburg que en plena inauguración impresionó a propios y extraños, con lo que el dirigente nazi proyectó la magnificencia del tercer Reich; o bien, un evento deportivo de escala mundial utilizado por los terroristas para dar a conocer las aspiraciones palestinas como lo fue en Múnich 1972; o qué decir de los boicots de Estados Unidos a los Juegos Olímpicos de Moscú 1980, así como el realizado por la entonces Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) a los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 1984, todo ello en pleno corazón de la Guerra Fría.

Al realizar un análisis de cómo la política internacional comienza a interferir en este tipo de eventos deportivos, entendemos que nos es casualidad ni simple cuestión de números las grandes sumas que se pagan en busca de tener tal o cual evento deportivo en determinado país, región o zona geográfica.

Otro caso relevante que insidió en la geopolítica internacional fueron los Juegos Olímpicos de Invierno de PyeongChang 2018, celebrados en Corea del Sur, que sirvieron como uno de los elementos detonantes para que se diera el diálogo entre las dos coreas y el mandatario de Estados Unidos, Donald Trump, y poder derivar, posiblemente, en una desnuclearización de Corea del Norte.

Ahora mismo lo acabamos de ver con Rusia, ya que en la actualidad la nación que encabeza Vladimir Putin se encuentra en uno de los peores momentos en su relación con Occidente, muy en especial con los Estados Unidos, una situación no vista desde tiempos de la Guerra Fría.

De ahí que no sea casualidad que se utilice este tipo de competencias, como la Copa Mundial de Futbol de Rusia 2018, para tratar de enviar un mensaje de proyección internacional que Vladimir Putin busca dar respecto a su nación en este momento, y que fue claramente notorio desde la ceremonia del sorteo de grupos en aquel 1 de diciembre de 2017, y hasta el día de la clausura, donde el mandatario proyectó liderazgo, poder y posicionamiento de su nación, algo que desde el gobierno de Mijail Gorbachov no se había visto en aquel territorio.

Vladimir Putin se empeñó en que durante la Copa del Mundo de Rusia el evento se realizara a la perfección, que Rusia se posicionará como una nación amiga, cordial, y que rompiera esa idea de aislamiento de su país con el resto del mundo debido a temas de racismo, homofobia, xenofobia, lleno de espías y de violaciones a los tratados de libertad y justicia.

Sin duda el objetivo se logró. Rusia mostró el músculo y su capacidad para organizar un evento deportivo mundial y sin mayores incidentes, donde cientos de miles de turistas acudieron a la justa mundialista sin temor y con alegría por ver el deporte que más aficionados aglutina.

Un país en completa normalidad.

Sin embargo, en medio de todo este escenario festivo, estuvo en el ojo de la opinión pública y de la agenda nacional rusa y de Gran Bretaña el caso del exespía ruso envenenado en Reino Unido el pasado 4 de marzo, Serguéi Skripal de 66 años, quien fue atacado con un gas nervioso al que fue expuesto en un centro comercial. En el ataque también resultaron afectadas su hija y otras 21 personas, entre ellas un agente de policía británico que llegó al lugar para atender la emergencia. Un hecho que sin duda alteró las relaciones entre Londres y Moscú, al grado que meses antes de que empezara el torneo mundialista, cuando los británicos acusaron a Rusia de ser responsable del envenenamiento del exespía ruso Sergei Skripal y su hija Yulia en Salisbury, Inglaterra.

Tras el incidente, había rumores de que la selección inglesa no acudiría al Mundial de Rusia. La salida del equipo ruso en cuartos de final evitó un encuentro potencialmente vergonzoso y tenso entre los dos países, pues durante esos días la tensión creció luego de que una mujer británica muriera víctima del Novichok, el mismo agente nervioso usado, supuestamente fabricado en Rusia, en el ataque contra los Skripal.

Y la política no estuvo fuera de las canchas de Rusia 2018, y fue protagonizada no por Putin ni alguno de sus homólogos internacionales, sino que la tensión se hizo presente en los equipos de fútbol de Suiza y Serbia. La primera logró calificar para los octavos con una victoria 2-1 frente a su rival europeo con goles de Xherdan Shaqiri y Granit Xhaka, pero se recordará este juego más por las celebraciones de los jugadores suizos que por el marcador. Ambos celebraron con el águila albanesa que hace referencia a la “Gran Albania”; la reagrupación de todos los albaneses étnicos de los Balcanes. Shaqiri, extremo del Stoke City, nació en Kosovo, mientras que la familia de Xhaka, volante en el Arsenal, es kosovar. El padre de Xhaka era preso político en Yugoslavia tras protestar contra el régimen comunista de Belgrado. Serbia no reconoce la independencia de Kosovo y se quejó de la presencia de la bandera kosovar en los zapatos deportivos de Shaqiri. Finalmente, los goleadores recibieron multas de casi 30 millones de euros y una advertencia por parte de la FIFA.

Otro partido que generó tensiones políticas extra cancha fue la que provocó el defensor Domagoj Vida, figura clave en el éxito de la selección croata en Rusia. Después del partido de cuartos contra la selección anfitriona, en el que Vida marcó el segundo gol croata, el jugador originario de Osijek apareció en un video, cerveza en mano, proclamando: “Gloria a Ucrania”. Esta aparentemente inocente frase tiene un sentido mucho más profundo que desató la rabia de los rusos. Con la reciente animosidad entre Rusia y Ucrania, el dicho ha sido utilizado por varios políticos ucranianos que critican la política del Kremlin.

Y finalmente, recordamos que los tabloides británicos son famosos por sus portadas ofensivas que a menudo contienen juegos de palabras. El día del encuentro entre los ingleses y Colombia, la portada del periódico The Sun fue así: “Los Tres Leones enfrentan una nación que le ha dado al mundo a Shakira, un buen café y, eh, otras cosas, nosotros decimos: ¡Go Kane!”. La última parte, “Go Kane”, rima con “cocaine” (cocaína en inglés). El titular indignó a los colombianos y estableció las pautas para un partido hostil y agresivo. Néstor Osorio Londoño, embajador colombiano en Reino Unido, reaccionó al respecto: “Es más bien triste que usen un entorno festivo y amistoso, como el Mundial, para atacar a un país y seguir estigmatizándolo con un tema que no tiene nada que ver”.

El deporte sirve como escaparate político, y personajes como Vladimir Putin lo saben, por eso, a pesar de no ser un fanático del fútbol, utilizó este escaparate para posicionar su mensaje al mundo entero, pero también viejas rencillas y resentimientos geopolíticos salieron a la luz entre los deportistas.

Y le resultó muy provechoso.

Escala el conflicto comercial EU-China [OPINIÓN]

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Al anunciar la administración de Donald Trump respecto de tasar sus exportaciones de productos de productos de alta tecnología, China rápidamente responde al detallar cuál será su respuesta en caso de que Washington opte por continuar por ese camino.

La semana que acaba de terminar, las autoridades chinas han publicado una nueva lista con 106 productos, entre los que destacan la soja, los automóviles, los productos químicos o ciertos tipos de aeronaves, a los que se impondrá un arancel del 25%. En suma, estas mercancías alcanzan un valor de importación de 50 mil millones de dólares, un monto equivalente al paquete de productos chinos que Estados Unidos pretende gravar.

De los 106 productos afectados, resaltan la soja, cuyo valor de importación superó los 13 mil 900 millones de dólares el año pasado. Le siguen los automóviles, con 12 mil 280 millones, y las aeronaves de menor tamaño, con 9 mil 500 millones. También se encuentran el propano licuado (1 mil 760 millones), el algodón (980 millones) o el sorgo (950 millones). Otras de las mercancías incluidas en la lista son la carne de ternera congelada –cuyo veto en el mercado chino se levantó recientemente-, el whisky o el tabaco.

La entrada en vigor de estas tarifas dependerá, según lo dicho por las autoridades chinas, de los movimientos que lleve a cabo el Gobierno estadounidense con respecto a la imposición de aranceles a los bienes chinos.

Cabe recordar que, en días pasados, el gobierno estadounidense presentó una lista de 1 mil 300 productos procedentes de China a los que pretende imponer un arancel del 25%, en su mayoría artículos de alta tecnología. Las tasas entrarían en vigor una vez terminado el periodo de 30 días de consultas y si las dos grandes economías mundiales no han alcanzado un acuerdo que satisfaga a la administración del presidente Donald Trump, algo que los especialistas dudan que suceda.

Es claro que, con esta acción, el gobierno del presidente Xi Jinping deja en claro cuáles serán sus cartas si Donald Trump decide optar por la vía dura con Pekín. También espera que la nada arbitraria selección de productos obligue al presidente estadounidense a buscar una solución negociada: la mayoría de importaciones en la diana, especialmente la soja o los coches, se producen en estados de mayoría republicana.

La guerra comercial continúa, China y Estados Unidos han oficializado subidas de aranceles a mercancías por valor de 6 mil millones de dólares (3 mil por cada bando) que incluyen los impuestos al acero y aluminio chinos de Washington, por un lado, y la carne de cerdo, ciertas frutas, vino y tubos de acero que impuso Pekín, por otro.

Cifras insignificantes si tomamos en cuenta que el comercio bilateral entre ambas potencias alcanzó el año pasado los 630 mil millones. Sin embargo, la entrada en vigor de esta segunda ronda de tarifas supondría escalar el conflicto comercial de forma considerable, porque entre ambas listas se señala a productos cuyo valor asciende a los 100 mil millones de dólares.

Apenas hace unas semanas, la Casa Blanca informó que Trump habló con su homólogo, el francés Emmanuel Macron, y con la canciller alemana, Angela Merkel, sobre la necesidad de que Estados Unidos, Francia y Alemania “sumen fuerzas” contra las prácticas comerciales chinas, lo que indica que, la guerra comercial EU-China polarizará la geopolítica mundial.

La trama rusa ¿verdad o injuria? [OPINIÓN]

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TEXTO PUBLICADO EL 16 DE MARZO DE 2018 EN EL PERIÓDICO EL NACIONAL

Las superpotencias viven momentos decisivos, y aunque no se hable abiertamente, la realidad es que en la actualidad estamos viviendo una especie de carrera nuclear como si fuera un asunto “normal”, pero ahora, a diferencia de la posguerra de la segunda mitad del siglo pasado, la rivalidad geopolítica entre Estados Unidos y Rusia se ha revivido desde la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca y la presunta injerencia de Moscú en las elecciones norteamericanas del 2016.

Apenas en enero pasado el secretario de Defensa de Estados Unidos, James Mattis, ha declarado que el enemigo número uno de ellos no es ya el terrorismo, en parte por el debilitamiento de ISIS y el decremento en la actividad terrorista a nivel mundial según reportó el funcionario, y ahora se centran en los llamados enemigos número uno: Rusia y China, superpotencias que están desarrollando armamento nunca antes visto, por lo que las tensiones entre estas naciones y Norteamérica surgen nuevamente.

Como ejemplo de ello, es cómo en días pasados Vladimir Putin, presidente de Rusia, mostró ante las cámaras armamento nuclear de última generación diciéndole muy directamente al mundo que Rusia ha desarrollado ya armamento supersónico, lo que significa, según los conocedores del tema armamentístico, que con un solo misil supersónico Moscú puede esquivar cualquier defensa existente alcanzando su objetivo hasta que el misil explote en el mismo, además de poseer drones nucleares, torpedos submarinos, enviando así el mensaje, sin decirlo verbalmente: “les estamos ganando en esta carrera nuclear”, acontecimiento que prende las alarmas en Estados Unidos.

Con ello, nuevamente entramos a un ambiente de “guerra fría”, estamos de vuelta en los años 50’s y años 60’s del siglo XX donde, en pleno siglo XXI, las potencias están desarrollando la mayor tecnología posible para lograr superar a la otra, algo económicamente elevado, pero a diferencia de la Guerra Fría post Segunda Guerra Mundial, ahora no es bipolar, tenemos a una tercera potencia: China, e incluso Europa entraría en esta tensión nuclear.

En medio de todo este escenario de aparente “guerra fría resurgida”, surge el caso del ex espía ruso envenenado en Reino Unido, Serguéi Skripal de 66 años, quien fue atacado el pasado 4 de marzo con un gas nervioso al que fue expuesto en un centro comercial. En el ataque también resultaron afectadas su hija y otras 21 personas, entre ellas un agente de policía británico que llegó al lugar para atender la emergencia. Un hecho que enrarece y tensa las relaciones entre Londres y Moscú.

El caso del ruso Serguéi Skripal toma notoriedad al saber que en 2006 fue condenado a 13 años por un tribunal moscovita que le declaró culpable de trabajar para los servicios secretos británicos y de revelar las identidades de otros agentes rusos. En 2010 se benefició de un intercambio de espías y desde entonces se encuentra refugiado en Reino Unido.

No es el primer episodio de estas características que se produce en suelo británico. El caso más famoso de los últimos años es el del también ex espía Alexander Litvinenko, quien en 2006 falleció tras ingerir polonio depositado en la taza de té que bebía. En 2012, Alexander Perepilichnyy, un empresario ruso que estaba colaborando para destapar una trama rusa de blanqueo de capitales, falleció de un infarto. En su estómago se encontraron restos de una planta venenosa. Y en 2013, el magnate y opositor ruso Borís Berezovski apareció ahorcado en su casa.

Lo sucedido en Salisbury ha afectado a más personas que al objetivo del supuesto ataque, por lo que medios británicos la han calificado de una acción terrorista indiscriminada, por su parte, la actitud del gobierno británico fue prudente al decir que no había que sacar conclusiones apresuradas, sin embargo, no por ello se dejaron de escuchar voces de condena y repudio, como la advertencia del ministro de Exteriores, Boris Johnson, quien aseguró que Londres contestará de manera “fuerte y apropiada” si Moscú está detrás de la acción.

Tras ya varios días del atentado, se ha identificado ya el gas nervioso que se utilizó como Novichok, desarrollado por la Unión Soviética y, en teoría, destruido posteriormente, Londres pidió a Rusia explicaciones, obteniendo solo amenazas y desmentidos sin credibilidad.

La reacción de Londres ha sido contundente y tiene un importante calado político. Ha considerado el atentado como “un uso ilegal de la fuerza por parte del Estado ruso contra el Reino Unido”. Es decir: un ataque directo. El Gobierno de Theresa May ha anunciado además una batería de represalias entre las que destaca la expulsión de 23 diplomáticos rusos de suelo británico. Se trata de la mayor expulsión de representantes rusos desde la caída de la Unión Soviética. Además, May ha decretado la suspensión de los contactos diplomáticos al más alto nivel así como la cancelación de la visita de Sergei Lavrov, ministro de exteriores ruso.

Rusia, que este próximo domingo celebra elecciones presidenciales, se ha limitado a repetir el argumento exculpatorio empleado anteriormente, por ejemplo, tras el asesinato del ex espía Alexander Litvinenko en 2006: Reino Unido debe presentar pruebas de sus suposiciones. Pero en vez de colaborar en la investigación, Rusia ejecuta una agresiva defensa verbal. Con acierto, May ha apuntado dos hipótesis. “O bien el Gobierno ruso es responsable directo del ataque o bien ha perdido el control de un arsenal químico ilegal”. Sea cual fuera, las dos apuntarían a la responsabilidad de Moscú.

De confirmarse la responsabilidad de Rusia en el caso de su ex espía envenenado, las tensiones entre Londres y Moscú aumentarían lo que podría provocar mayores confrontaciones afectando las relaciones entre Europa, Rusia, China y Estados Unidos, poniendo en riesgo la estabilidad geopolítica y de paz en todo el mundo.

Lo cierto es que, Rusia ha vuelto al escenario mundial en busca de un papel relevante en la geopolítica mundial, y ello no abona en nada para la paz y tranquilidad nacional de nadie. La trama rusa apenas comienza.

Europa ya no se puede fiar de EU [Opinión]

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TEXTO PUBLICADO EL 3 DE JUNIO DE 2017

Durante estos días, Donald Trump cumplirá más de 130 días al frente del gobierno de los Estados Unidos. Desde que este personaje resultó electo en noviembre pasado, mucho se habló respecto de lo que supondría su mandato y su manera de gobernar, sobre todo en lo referente a su postura radical, dictatorial, xenófoba y extremadamente nacionalista, por lo que se esperaba que ya instalado en la Casa Blanca moderaría dicho discurso e implementaría políticas alineadas al “establishment” norteamericano… políticos norteamericanos preveían que el neoyorquino sería un “gobernante” controlable, que su equipo lo alinearía a intereses en común con otras naciones “hermanas”, pero Trump le ha cambiado el rostro a la Casa Blanca, y a la política norteamericana.

En días pasados, el presidente Trump realizó su primera gira internacional en medio de una fuerte crisis al interior de su gobierno sobre sus relaciones y las de sus colaboradores y familiares con el gobierno ruso.

Su visita a Europa ha alterado los ánimos en ambos lados del Atlántico. Simplemente las discusiones en las recientes cumbres de la OTAN y del G7 sobre el gasto militar, la protección del clima o la política de refugiados parece que acabaron por dinamitar la poca paciencia que le quedaba ya a la mandataria alemana, Angela Merkel, quien no dudó en alzar la voz durante un acto en Alemania que Europa camina sola.

“Los tiempos en los que podíamos fiar completamente de los otros en parte han terminado. Así lo experimenté los últimos días […], por ello sólo puedo decir: nosotros los europeos debemos realmente tener nuestro destino en nuestra propia mano”, afirmó Merkel sólo un día después de la cumbre del G7 efectuada en Taormina.

¿Un momento de cambio histórico para Alemania o campaña electoral barata?

¿”America first”? [Opinión]

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TEXTO PUBLICADO EL 27 DE MAYO DE 2017

Es más que obvio, que la cumbre del G7 que se efectúa en Taormina, es la cumbre más dividida y tensa de la que se tenga memoria en la historia reciente. Y esto debido primordialmente a la idea del mundo que Donald Trump no tiene empacho en decir frente a los líderes de las democracias más industrializadas del orbe: America first.

Trump ha lanzado ya mensajes en dos líneas, que no necesariamente van en la misma dirección, sobre: Brexit, el Papa, Rusia, OTAN, comercio, clima…, temas en los que el mandatario neoyorquino parecería por momentos estar solo, incluso abandonado desde las esferas republicanas y, lo más grave, desde su propio gabinete.

Por su parte, Donald Tusk, presidente del Consejo Europeo, Jean-Claude Juncker, presidente de la Comisión Europea, han admitido ya enormes fricciones en temas como el comercio, el medioambiente y la relación con Rusia, y en un tono de ensayada gravedad, han advertido de las consecuencias de no lograr una mayor unidad al término de la cumbre.

Trump tiene clara su posición: “America first”, de ahí el reproche que realizó abiertamente a los miembros de la OTAN sobre su escaso gasto militar, además, de la falta de pago de 23 países a la unión americana…

Una visión del mundo que complica sobremanera este tipo de cumbres y cuyo significado pudo descifrar en carne propia el primer ministro de Montenegro, Dusko Markovic, quien recibió un brusco manotazo de alguien que se abría paso a su lado. Al voltear, miró con “horror” a un orgulloso y satisfecho Donald Trump ajustándose la americana, al tiempo que lo observaba como quien mira el suelo que pisa a cada paso: con el rostro levantado y sin miramientos por el otro.

El mundo ha cambiado, y Trump no está ganando amigos para su nación.

100 días con Trump [Opinión]

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TEXTO PUBLICADO EL 24 DE ABRIL DE 2017

100 días cumple Donald Trump al frente del gobierno de Estados Unidos. Desde que resultó electo en noviembre pasado, mucho se habló respecto de lo que supondría su mandato y su manera de gobernar, sobre todo en lo referente a su postura radical, dictatorial, xenófoba y extremadamente nacionalista, por lo que se esperaba que ya instalado en la Casa Blanca moderaría dicho discurso e implementaría políticas alineadas al “establishment” norteamericano… pero no fue así.

Al cumplirse 100 días del gobierno de Donald Trump, el neoyorquino mantiene las posturas que lo caracterizaron desde el inicio de su campaña para la nominación republicana, enfatizando sus políticas contra la migración, seguido por su empecinamiento de construir un muro fronterizo con México, además de prohibirle la entrada a su país a musulmanes, lo que ha colocado a Trump en una posición riesgosa al no entender que existirá un costo político y económico significativo para Estados Unidos, tanto al interior, como al exterior de la nación, y que ya comienza a palpar.

Las políticas emprendidas por Donald Trump ya han dado frutos: desavenencias con líderes mundiales, diálogo de sordos con mandatarios respecto de acuerdos comerciales, y encontronazos con la prensa; por lo que las agresiones del magnate en contra de México, los musulmanes y todo lo que no sea “America” están conformando una causa en común más amplia liderada por cabezas de la sociedad civil, empresarios, líderes religiosos, intelectuales e iconos culturales, dentro y fuera del sector público e instituciones de todos los sectores, tanto al interior como al exterior de Estados Unidos.

Políticos norteamericanos preveían que Trump sería un “gobernante” controlable, que su equipo lo alinearía a intereses en común con otras naciones “hermanas”, pero Donald Trump le ha cambiado el rostro a la Casa Blanca.

Genocidio en Siria [Opinión]

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TEXTO PUBLICADO EL 7 DE ABRIL DE 2017.

Las imágenes impactaron al mundo: cuerpos de jóvenes, mujeres, hombres y niños tumbados, agonizando, producto del efecto de armas químicas, que una vez que invaden el cuerpo humano tardan alrededor de media hora, si el contacto es con la piel, para manifestar sus efectos y colapsar las funciones esenciales de los órganos entre sudores, mareos, espasmos y finalmente la asfixia y el paro cardiaco, hombres desesperados intentando evitar lo inevitable: la muerte.

El brutal ataque químico sucedido este martes contra la población siria de Jan Sheijun, en una zona controlada por las fuerzas rebeldes contrarias a la dictadura de Bachar Al-Assad, a una hora en la que la mayoría de la población dormía.

Este suceso prendió las alarmas en la comunidad internacional –nuevamente y teniendo como antecedente un ataque con Gas Sarín hace cuatro años; seis años de guerra; más de 321 mil muertos y 145 mil desaparecidos–, la ONU pide al gobierno de Al-Assad detener el genocidio en Siria… e Irán se pronuncia en contra de un despliegue militar internacional contra esta nación, porque para Teherán podría ser ésta la oportunidad de encabezar el poderío del mundo islámico contra “Occidente”, a sabiendas de que si Siria cae, ellos serían el siguiente objetivo.

Aunque suena arriesgado y muy aventurado, las piezas se han ido acomodando poco a poco, y tarde que temprano la tensión en Medio Oriente desatará a los demonios que están esperando el día y la hora para desencadenar un cataclismo de mundial.

Es posible que un eventual ataque de los Estados Unidos contra Siria no desate una guerra de proporciones universales, pero agrega tensión a la desgastada relación del mundo árabe con Occidente, léase Israel, Europa y EU, algo nada bueno para el mundo entero.

Los enemigos de Trump [Opinión]

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Dos semanas cumple Donald Trump al frente del gobierno de EU. Desde que resultó electo en noviembre pasado, mucho se habló respecto de lo que supondría su mandato y su manera de gobernar, sobre todo en lo referente a su postura radical, dictatorial, xenófoba y extremadamente nacionalista, por lo que se esperaba que ya instalado en la Casa Blanca moderaría dicho discurso e implementaría políticas alineadas al “establishment” norteamericano… pero no ha sido así.

El neoyorquino ha mantenido las posturas que lo caracterizaron desde el inicio de su campaña para la nominación republicana, enfatizando sus políticas contra la migración, seguido por su empecinamiento de construir un muro fronterizo con México, además de prohibirle la entrada a su país a musulmanes –sólo por citar algunos ejemplos–, lo que ha colocado a Trump en una posición riesgosa al no entender que existirá un costo político y económico significativo para Estados Unidos, tanto al interior, como al exterior de la nación.

Las políticas emprendidas por Trump ya han dado frutos: desavenencias con el primer ministro de Australia, diálogo de sordos con mandatarios respecto de acuerdos comerciales, y encontronazos con la prensa libre; por lo que las agresiones del magnate en contra de México, los musulmanes y todo lo que no sea “America” están conformando una causa en común más amplia liderada por cabezas de la sociedad civil, empresarios, líderes religiosos, intelectuales e iconos culturales, dentro y fuera del sector público e instituciones de todos los sectores, tanto al interior como al exterior de Estados Unidos.

Algunos funcionarios norteamericanos preveían que Trump sería un “gobernante” controlable, que su equipo lo alinearía a intereses en común con otras naciones “hermanas”, sin embargo, en dos semanas no ha sido así.

Ahora, Trump y Estados Unidos tienen nuevos enemigos.

Jorge Iván Garduño / @plumavertical