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Un viaje iniciático propuesto por Da Jandra

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Magia, misticismo, sensualidad, eso es lo que nos ofrece la novela En el corazón de un sol herido (JM, 2000), escrita con lucidez por el chiapaneco Leonardo da Jandra (Chiapas, 1951).

El también novelista de la trilogía Entrecruzamientos (JM, 1986-1990), teje de manera artística los múltiples rostros de las raíces mexicanas, nos traslada a Veracruz, Oaxaca, Chiapas, San Luis Potosí, fungiendo la Ciudad de México como el ombligo existencial y España como la madre de la que se reniega, producto de la “conquista sexual” ejercida sobre nuestro país.

Su amplio conocimiento de Ramón del Valle-Inclán, de los arousianos, de nuestras raíces ancestrales y su búsqueda por la utopía se conjugan en el autor, derivando como resultado en un rejuvenecimiento de su vertiginosa narrativa.

Trilce es la protagonista de En el corazón de un sol herido, quien es una escritora española nieta del genial poeta peruano César Vallejo, quien además huye de su madre-patria (no sólo carnal sino también nacional) en busca de no sabe qué. Asimismo, su triple origen la atormenta: su nombre se deriva de la obra más emblemática de Vallejo[1]; al mismo tiempo la relación con su madre se ha tornado complicada llevándola al origen mismo de su concepción; y finalmente, el ser nieta directa de un genial escritor… la han dejado en el limbo creativo.

Autoexiliada de su nación, Trilce se da de lleno con el conflicto esencial del mexicano: la violación que sufre la Malinche a manos de la figura de Hernán Cortés que crea una representación mítica mexicana de la Maternidad, “La Chingada”, que es la Madre abierta, violada o burlada por la fuerza. El “hijo de la Chingada” es el engendro de la violación, del rapto o de la burla. Si se compara esta expresión con la española, “hijo de puta”, se advierte inmediatamente la diferencia. Para el español la deshonra consiste en ser hijo de una mujer que voluntariamente se entrega, una prostituta; para el mexicano, en ser fruto de una violación.[2] Trilce deberá comprender esta extraña psicología en carne viva con su amante Celeste y el novio de ésta, quienes sostendrán una intensa relación cargada de erotismo.

Sin embargo, Da Jandra nos presenta una valoración sobre el ensayo de Octavio Paz, El laberinto de la soledad, formando el espectro de un Antilaberinto, exigiendo la reivindicación de la Malinche y pidiendo también una reconciliación con lo propiamente español. <<La Malinche no traicionó a su pueblo, ni a sus hijos, es decir, a todos los mexicanos. Por el contrario, encontró en los españoles los aliados que el destino le enviaba para derrotar a los aztecas, que sí eran sus verdaderos enemigos. En el fondo, el problema de México y de España es el mismo: la imposición violenta de un modelo patriarcal y centralista; y justo contra eso, contra el centralismo y el patriarcalismo aztecas, luchó la Malinche>>, sentencia Da Jandra.

Leonardo da Jandra defiende acertadamente su tesis México-España/España-México. Trilce, La Española, navega por los espacios enigmáticos mexicanos en un viaje iniciático formando un mapa de encuentro de nuestro propio laberinto desolado. La última parada que la escritora tendrá que hacer será en El Bernalejo, el desierto sagrado de los huicholes; despertará de su letargo angustiante al engullir cabezas de peyote –hikuri– en Real de Catorce. Y, de la mano del insondable Lúder (otro español conquistado en México), reconstruye el caos de su vida, en una lucha definitiva por salvar el corazón de Wirikuta, el Lúder y el de su espíritu; arquetipos de un sol herido.

Da Jandra, un enigmático escritor que explora los rituales de poder en esta novela, quien nos regala el misticismo de los pueblos indígenas mexicanos, que han conservado fielmente las tradiciones ancestrales de las tribus originarias de Mesoamérica.

Culturas “diferentes” a la nuestra, que por desgracia terminan siendo valoradas por españoles, alemanes, franceses, daneses, norteamericanos… pero casi nunca por los propios mexicanos.


[1]Trilce”, novela del escritor peruano César Vallejo, el origen del nombre es el resultado de la unión de triste y dulce.

[2] Octavio Paz, “El laberinto de la soledad”, Fondo de Cultura Económica, 3ra. Reimpresión, México, 1996, pp. 87-88.

Jorge Iván Garduño
Fotógrafo, escritor y periodista mexicano.
jorgeivangg@hotmail.com
@plumavertical
 
Este texto ha sido publicado en:
 
http://www.lajornadaguerrero.com.mx/2010/11/28/index.php?section=sociedad&article=006a1soc
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