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La filosofía esotérica postmodernista de Víktor Pelevin

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A partir de mediados de la década de 1980 ala fecha, el llamado telón de acero de la ex Unión Soviética ha desaparecido por completo, durante esa época la corriente literaria tomó un nuevo aire y comenzó su transformación a un pensamiento post-soviético, asociado al regreso de los autores rusos, que se encontraban en el exilio, a su país natal y que han propiciado gradualmente un cambio en el pensamiento ruso.

Esto dio pie a que surgiera una nueva literatura que tuvo como objetivo primordial el estudiar los males y patologías de la sociedad posterior a la perestroika, alcanzando niveles equiparables con el naturalismo filosófico de un extremo pesimismo y encargado de diseccionar cada parte de las manifestaciones de la vida rusa.

Este tipo de literatura fue calificada como negra y pornográfica, porque es una prosa neo-naturalista que condena al sistema y a la ideología soviética que llevó a toda una nación a conocer las dos caras de la moneda; sin embargo, los escritores han diversificado sus textos debido a la recuperación que Rusia ha mantenido en los últimos años.

Dentro de los cambios que ha tenido esta corriente literaria está la incursión de las nuevas tecnologías como el Internet, que abrió la caja de pandora para que apareciera un nuevo fenómeno: la literatura interactiva, que está representada por la prosa postmodernista en la que los autores reflejan nostalgia por la pérdida de confianza en su cultura, lengua y utopía nacionalista.

Víktor Pelevin (Moscú, 1962), es uno, sino es que el más, destacado representante de esta corriente literaria rusa y uno de los narradores más leídos dentro de la literatura postcomunista, quien maneja dentro de sus textos características del género de ciencia ficción, para construir de manera compleja una prosa que fusiona elementos de la cultura pop y de la filosofía esotérica.

Diversos niveles de comprensión dentro de sus novelas maneja, exigiendo del lector un alto grado de entendimiento de sus frases y de la estructura conceptual que propone, ya que a través del absurdo se vuelca en una relectura de la tradición literaria y de la historia de su país.

Pelevin escribe con una desfachatez e inteligencia inusual para la narrativa contemporánea actual, buscando descifrar la identidad rusa dentro de la tradición misma, en un intento de desmitificación brutal de su entorno para dejar constancia de lo absurdo que es el legado histórico.

Al utilizar recurrentemente el género de la ficción como algo verosímil, Pelevin nos adentra en un juego que puede resultar espeluznante, siniestro y desenfrenado, nos invita a la recreación de un mundo desquiciado, nada diferente del que conocemos habitualmente, pero en el que nos hace reflexionar sobre las consecuencias de nuestros actos o el resultado que la vida nos brinda al final de cada día.

La literatura de Víktor Pelevin está provista de múltiples lecturas e infinitas interpretaciones, debido a que el escritor prefiere que sea el lector quien dote al texto de significado motivando al pensamiento interactivo, donde es el escritor quien pone la idea y el lector quien permite que surja la reflexión, por ello éste opta intencionalmente por un diálogo difuso más que uno explícito.

Víctor Pelevin, quien estudió la carrera de ingeniero aeronáutico, es un escritor que ha mantenido constancia en su quehacer literario, situación que lo ha llevado a ser llamado orgullosamente el Nabokov psicodélico de la era cibernética.

Pelevin, un admirable escritor que no hay que dejar de leer.

Jorge Iván Garduño
Fotógrafo, escritor y periodista mexicano.
jorgeivangg@hotmail.com
@plumavertical
 
Este texto ha sido publicado en:
Revista “Molino de letras” de Mayo-Junio 2012. http://www.facebook.com/photo.php?fbid=278141392279750&set=a.125734557520435.25938.125734250853799&type=1&theater
 
http://www.lajornadaguerrero.com.mx/2011/02/07/index.php?section=opinion&article=006a1reg
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Jorge Volpi hace ‘crack’ en la escena literaria

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En el año de 1994 un grupo de jóvenes escritores comenzaron a reunirse, algunas veces en el estado de Hidalgo, otras en cafés o restaurantes, pero en todo momento, buscando una única finalidad; coincidencia, casualidad, planeación, un poco de los tres elementos estuvieron presentes en aquellas ocasiones.

Como buenos compañeros, pero sobre todo grandes amigos, pactaron la “renovación generacional” de las novelas mexicanas, con la creación del “grupo del Crack”.

Dos años más tarde, publicaron Manifiesto del Crack, en el que exponen, que la llamada “generación del Crack”, toma su nombre por la ruptura –crack- literaria que pretenden; la “generación del boom latinoamericano” ya ocurrió, y en México, los Rulfo, los Paz, los Fuentes, los Pitol, nos han legado portentosas narraciones y a esta nueva cría le corresponde romper con la tradición esteticista mexicana y seguir generando novelas universales, partiendo de la convicción de que México y América Latina poseen dos tradiciones igualmente poderosas: una regional y la otra universal.

De esto hace ya casi dos décadas, y ellos, Jorge Volpi, Pedro Ángel Palou, Ignacio Padilla, Eloy Urroz, Vicente Herrasti y Ricardo Chávez, conservan la amistad literaria, unas cuantas novelas que hablan por sí mismas y a pesar de tener posiciones políticas divergentes, siguen compartiendo similar estética artística.

Cada uno de ellos, se ha ido forjando su destino con la calidad atractiva que poseen, todos y cada uno, son escritores mexicanos exitosos y con reconocimiento propio dentro de las letras hispanoamericanas, algunos ya han rebasado incluso el idioma castellano. Tal es el caso de Jorge Volpi, a quien se le considera como el más prolífico del ‘Crack’.

Jorge Volpi Escalante (México, 1968), es escritor, ensayista y crítico político-literario, nacido en la ciudad de México. Estudió Derecho y Letras en la Universidad Nacional Autónoma de México y un doctorado en Filología Hispánica en la Universidad de Salamanca, España. Fue becario del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (FONCA), de la Fundación John S. Guggenheim y del que fuese el Centro Mexicano de Escritores (CME).

Actualmente es director de Canal 22, una estación de televisión cultural que depende del Estado y que es parte del CONACULTA. Antes de desempeñarse en este cargo, por un lustro vivió en países tan diversos como Francia, Italia, Estados Unidos y España, desempeñándose como colaborador habitual en diversas revistas mexicanas e internacionales.

Pese a su juventud, Volpi es autor de las novelas Pieza en forma de sonata (1991), A pesar del oscuro silencio (1992), Días de ira, en Tres bosquejos del mal (1994), La paz de los sepulcros (1995), El temperamento melancólico (1996), Sanar tu piel amarga (1997) y de los ensayos El magisterio de Jorge Cuesta (Premio Plural de Ensayo, 1990), La imaginación y el poder. Una historia intelectual de 1968 (1998), y del libro México: lo que todo ciudadano quisiera (no) saber de su patria (2006) escrito a dos manos con Denise Dresser, entre otros, y en 1999, obtiene el Premio Biblioteca Breve por su novela En busca de Klingsor.

Es a partir de ésta, cuando el grupo de escritores que no rebasan los 40 años y que están sacudiendo la escena literaria mexicana, conocidos como “los del Crack”, son considerados para pensar en grande dentro de las letras en México y del extranjero.

En busca de Klingsor, es el principal ejemplo de esta nueva casta de creadores, por el riesgo estético, formal y que implica siempre el deseo de renovar la novela eliminando sin preámbulos lo superficial y lo deshonesto. El tiempo que le llevó a su autor la conformación de la misma, fue un lapso de cinco años: dos de investigación en México y cerca de tres años la redacción en Salamanca.

La novela está situada en la Europa de la época nazi, un periodo muy rico en investigación científica y en donde la física cuántica y el azar, se convierten en parte del instrumento conceptual del avance científico, teniendo como ejes temáticos la ciencia, el poder y el mal. Desde niño, a Jorge Volpi, le han gustado los programas de divulgación científica y siempre quiso ser físico, desgraciadamente, tuvo pésimos profesores en la escuela y decidió estudiar humanidades, afortunadamente, para los que gustamos de la buena literatura, así fue.

De toda su producción literaria, esta novela marca una evolución, “todas las anteriores apuntaban a En busca de Klingsor como el camino de búsqueda-encuentro”, dicho en las palabras de Volpi. Esta obra es el comienzo de una Trilogía del siglo XX,[i] donde la física, la globalización y la política, son las obsesiones del autor que guían un único proyecto: personajes desilusionados, corrompidos, pero al mismo tiempo capaces de reconstruir su mundo. El vivo reflejo de las sociedades contemporáneas, en suma, es un ejercicio sobre la investigación de la realidad.

En España era un escritor desconocido quien, a los 30 años de edad, ganaba uno de los premios de más prestigio convocado por las editoriales españolas, y dicho trabajo, recibió encendidos elogios por parte de la crítica. En busca de Klingsor, la novela mexicana mejor lograda de la última década del siglo XX, definitivamente.

El también escritor mexicano, Carlos Fuentes, en la Feria Internacional del Libro Guadalajara 2005 (FIL), le pasó la estafeta a Volpi, junto a Ignacio Padilla, Pedro Ángel Palou, Xavier Velasco y Cristina Rivera Garza, como “miembros de una nueva generación de escritores mexicanos” llamándolos sus “herederos intelectuales”, que “han roto con el realismo mágico”, por lo cual los ha denominado “la generación del Boomerang”.

Jorge Volpi, alguien que está llamado a ser el sucesor de muchos intelectuales mexicanos.


[i] El resto de la Trilogía la completan El fin de la locura (2003) y No será la tierra (2006).

Jorge Iván Garduño
Fotógrafo, escritor y periodista mexicano.
jorgeivangg@hotmail.com
 
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http://www.lajornadaguerrero.com.mx/2011/08/02/index.php?section=opinion&article=002a1soc