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“Rudos contra Rudos”, la desgracia del SME

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El año 2009 fue escenario de múltiples acusaciones, marchas, elecciones y decretos que marcaron un precedente histórico en la vida laboral de millones de trabajadores, y provocaron que de manera directa o indirecta cientos de familias mexicanas pertenecientes a la zona centro de nuestro país vieran amenazada la tranquilidad de la que hasta ese momento gozaban. Acontecimientos que tal vez muchos no recordemos; sin embargo, si menciono la extinción de la paraestatal Luz y Fuerza del Centro nuestra memoria se agudiza trayendo a cuento el Sindicato Mexicano de Electricistas (SME).

Y es que este sindicato, que ha sido catalogado incluso como el más influyente y poderoso de México, en sus casi 100 años de historia jamás había sido presa de tantos amotinamientos al interior de la organización: desde el 14 de diciembre de 1914 sus integrantes marcaron una línea alejada de la política, y más bien buscaban en todo momento la obtención de pequeñas y grandes conquistas laborales como reducir y limitar el poder de la empresa eléctrica extranjera sobre las condiciones de trabajo en nuestro país.

Sin embargo, y pese a tantos logros sindicales y esfuerzos por mantener cierta democracia y rotación a la hora de elegir a sus dirigentes ‒y evitar así el que un Secretario General se perpetuara en el cargo‒, el SME inició una transformación paulatina –dirían algunos–, que comenzó en la década de 1940 con Juan José Rivera Rojas (1942-1952), pasando por Luis Aguilar Palomino (1959-1969), Rosendo Flores Flores (1997-2005) y el tan conocido Martín Esparza Flores (2005 a la actualidad… aunque oficialmente debió terminar en 2011 para luego convocar a nuevas elecciones), quienes vieron una cuota de poder económica –primeramente– y luego política a favor de unos cuantos; aspectos nada despreciables con lo que el refrán “no hay mal que dure 100 años ni cuerpo que lo resista” es muy buen ejemplo para entender lo sucedido antes del 9 de octubre de 2009 y lo que derivó en la declaratoria de banca rota de Luz y Fuerza del Centro: un saqueo desmedido a diestra y siniestra.

Bien es cierto que el gobierno federal no ha dado solución decorosa al conflicto en el que más de 44 mil trabajadores están involucrados, sumado a esto la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) no tomó en cuenta el derecho de los trabajadores que han caído en la indefensión total y que deberán aceptar algo que “otros” les dicen que no tomen, pero que sí los sigan a las calles para “exigir” lo que dicen “es de ellos”, según esto, de todos los agremiados del SME.

Por su parte, las triquiñuelas, compadrazgos, “arreglos por debajo del agua” que más bien se sucedían en descampado y a plena luz del día, era lo que a diario se vivía en el número 45 de la calle Antonio Caso en la colonia Tabacalera, donde los flamantes dirigentes podían hacer esperar a sus agremiados horas y horas, o simplemente traer vuelta tras vuelta a ilusos aspirantes a trabajadores de Luz y Fuerza del Centro, para simplemente recibir un papelito, la firma de siempre en su tarjetón –rosa, amarillo o blanco– y el nada deseado “no hay plazas, hoy no viene el secretario”; no está de más decir que me tocó vivirlo por ser hijo de un jubilado de esta paraestatal, y por tantas y tantas veces acudir a la oficina del señor Esparza, sólo para observar las negativas y promesas que hacía cual político.

Lamentablemente las elecciones para renovar o reelegir al secretario general del SME en julio de 2009 estuvieron plagadas de irregularidades (por ambos grupos, no vengan ahora a darse golpes de pecho); el tesorero del sindicato y contendiente de Esparza Flores, Alejandro Muñoz, perdió oficialmente por tan sólo 352 votos, por lo que a la postre buscó que se impugnara una jornada que calificó de “tramposa”, para evitar la “toma de nota” de quien efectivamente se reeligiera como el máximo líder de los electricistas, lo que originó un enfrentamiento que derivó en la encarcelación de Muñoz por presuntamente adjudicarse cerca de 23 millones de pesos y denunciar a Martín Esparza.

Luego de que el pasado viernes a Alejandro Muños le fuera otorgada la libertad por no encontrar pruebas para fincar responsabilidad en contra suya, ha dicho que no “desistirá en su lucha”, porque no les fallará a los trabajadores que confiaron en él, y calificó a Martín Esparza de “corrupto” y “ratero”.

Lamentablemente, el futuro para tantos y tantos agremiados al Sindicato Mexicano de Electricistas no es nada alentador: están en medio de una refriega en la que los dimes, diretes, pactos políticos y conveniencia electoral es lo que permea a los dos principales líderes del SME, quienes al final de todo resultarán los menos perjudicados. Sumado a ello, el actual gobierno federal ‒tras doce años de ausencia‒ encontró que una de las mejores empresas del país se había convertido en una hidra de mil cabezas a la que con tanto vericueto es casi imposible dominar.

Aquí sólo cabe esperar que la voluntad y la razón hagan presa del poder ejecutivo, legislativo y judicial… Menuda cosa.

Jorge Iván Garduño

@plumavertical

Este texto ha sido publicado en:

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