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¿De paseo?

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Tuve un compromiso justo a medio día; después llevé a dos familiares a cierta zona en la que podían tomar un transporte público que los conduciría hacia su hogar; de ahí me dirigí a la casa de mi madre –que se ubica a las afueras de la Ciudad de México– para recoger algunas pertenencias y posteriormente llevar a mi esposa a una junta con su editora y el resto de los colaboradores de la revista para la cual escribe…

Y así fue como dos cuerpos enamorados se dirigieron felizmente al centro de la capital montados en su plateado corcel motorizado, iluminando el ambiente con sonrisas, buena charla y sonoras carcajadas de ambos, aderezadas con el excelente tránsito, por lo que supusimos no tendríamos mayores contratiempos para llegar a nuestras respectivas citas, ya que tras dejar a mi esposa en su reunión debía ir a la Casa Citlaltepetl para entrevistarme con el editor y poeta Aurelio Asiain.

Menuda ingenuidad de ambos.

Tras mantener una velocidad constante mayor a los 100 k/h (y que conste en el acta que una patrulla de la Secretaría de Seguridad Pública del Distrito Federal me rebasó por la izquierda, por lo que me supongo que incluso iba un poco lento a diferencia de otros), tras abandonar la calzada Ignacio Zaragoza me vi obligado a circular por el viaducto Río de la Piedad, mismo que “para variar” se encontraba haciéndole honor a su nombre: era un río de automóviles. Tormentosa caravana que se prolonga por cerca de los 50 minutos.

Tenía que tomar avenida Cuauhtémoc, lo que fue un poco –sólo un poco, tampoco exageremos– más fácil. Esa vía no se encontraba saturada, o por lo menos en dirección al sur; sin embargo, en el momento en el que debía doblar en el eje 5 Eugenia todo se volvió un caos. Por principio de cuentas, ésa es una parte de la ciudad que no conozco con precisión. Así pues, me metí sobre el eje 5, aunque dudé, porque el Google Maps decía que debía dar vuelta a la derecha, pero los señalamientos, y peor aún, los autos, decían que la circulación era hacia la izquierda… entonces pensé que me había equivocado en las instrucciones y que seguramente podría llegar a mi destino siguiendo, al puro estilo esnob, a los conductores conocedores de aquel lugar, por lo que continúe efectivamente al oriente… ¡Pésima idea!

Pasaron una, dos, tres, cinco, siete… más de diez calles, callejones, avenidas y nada de lo que vi se parecía al sendero que me llevaría a la reunión. Por supuesto, ya íbamos con un retraso impresionante después de la procesión de luces rojas sobre el viaducto Miguel Alemán.

Un poco más adelante, digamos que a la altura del metro Coyuya y antes de toparme frente a la delegación Iztacalco, fue justo cuando me dí de frente con avenida Río Churubusco… por fin comprendí que le habían cambiado el sentido de circulación al eje 5… ¡rayos!

Que pésima orientación de este tipo, han de estar diciendo, sí, tal vez tengan un poco de razón, pero en verdad íbamos bien a gusto platicando mi esposa y un servidor, así que el tiempo transcurrió y transcurrió hasta que ya estábamos lo suficientemente alejados de nuestros respectivos compromisos y luego de dos horas “de paseo” por la ciudad, pues decidimos enfilarnos sobre Churubusco, desviarnos por avenida Moras y luego la tan emblemática Insurgentes, sacar la computadora y dictarle a mi bella acompañante estas líneas anecdóticas que agradezco se tomen el tiempo para leer.

Total, mi esposa ya había enviado parte de su trabajo asignado por correo electrónico por la tarde, instante en que se enteró que avisaban del cambio de lugar de la reunión; además, la semana entrante se volverán a reunir. Y yo… bueno, ya no conseguí mi fabulosa entrevista con Aurelio Asiain, que dicho sea de paso presentó su más reciente poemario La Fronda (Posdata Editores) que ya leí, disfruté, releí y… creo que ésa es otra historia de la que ya hablaré más adelante y acompañaré con la reseña del libro.

Por lo pronto, disfruten del puente vacacional, así se queden en casa, existen muchas actividades y lugares que visitar. Y ojalá que nos olvidemos del tránsito aunque sólo sea por cuatro días.

Jorge Iván Garduño
@plumavertical
 
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http://efektonoticias.com/opinion/de-paseo
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Pi y la dominación del miedo

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Vida de Pi (2001) es una fascinante novela escrita entre las fronteras de la fe y la idea subyacente de dominar el miedo: cuenta la historia de un joven de 16 años de edad a partir del momento en que su padre, un guardia del zoológico de Pondicherry, decide que deben emigrar de la India a Canadá; sin embargo, durante el viaje sufrirán un grave percance que definitivamente marcará la vida de Pi.

Yann Martel, el autor de esta ficción, es un escritor canadiense nacido en España en el año de 1963, obtuvo el Premio Mann Booker 2002 con esta obra, misma en la que relata cómo Pi Patel muestra un interés exacerbado hacia cualquier tipo de religión llevando a la práctica el catolicismo, hinduismo y el islamismo, sólo que no sabe a cual serle completamente fiel.

El padre de Pi, decidido a comenzar una nueva vida en Norteamérica, empaqueta las pertenencias de la familia, a los animales que tiene a su cargo y embarca con su estirpe y todos sus sueños a cuestas por el Océano Pacífico. Tras un terrible naufragio, Pi termina a la deriva en medio del mar, atrapado en un reducido bote salvavidas y teniendo como única compañía a una cebra herida, una hiena moteada, un orangután mareado y un tigre de bengala llamado Richard Parker.

Y mientras el protagonista se encuentra en el desesperado dilema de mantener controlados a los animales o enfrentarse a los tiburones que acechan la pequeña embarcación, somos testigos de las reflexiones introspectivas y evolutivas del narrador, quien se ve enfrentado de lleno con sus miedos, dudas, desalientos y la pérdida sustancial de todo cuanto tenía al momento de iniciar este viaje.

Así, Richard Parker –el tigre de bengala, que representa el lado más oscuro de Pi Patel–, va devorando los males menores como la fatiga y el hambre, hasta destruir toda conexión con su pasado, y una vez que la cebra herida, la hiena moteada y el orangután mareado han sido devorados, Pi debe recurrir a todos sus conocimientos zoológicos, su ingenio y su fe para conservar la vida durante 227 días.

Pi y Richard Parker son ahora los únicos pasajeros del bote en el que permanecen a la deriva y ambos están hambrientos; el hombre frente a la bestia, la esperanza frente al horror, la vida frente a la muerte, y así hasta cierto punto, cada uno de los animales, quizá imaginarios, podrían representar una faceta diferente de un Pi esquizofrénico.

Patel rememora las angustias del viaje, pero su relato esconde también vericuetos de las fuerzas y flaquezas de la religión, la literatura y la diferencia entre realidad y ficción, creando meandros y rotaciones filosóficas que hacen que el lector revalore la existencia y su situación como ser humano.

Pi comprende que debe dominar al tigre y la interacción entre ambos genera bellas metáforas de espiritualidad y fe, que obligan al protagonista a conquistar su lado más oscuro y aceptar ontológicamente la pérdida de su familia, y así estar dispuesto a iniciar una nueva vida partiendo de la muerte de sus miedos y de sus seres amados.

La idea metafórica del libro es la de un trágico giro de 180 grados en la vida de Pi durante su transición espiritual de la adolescencia y que dotada de un vuelco de intensidad final, tranquiliza a los rescatistas durante su salvamento con una versión creíble de la historia de su supervivencia.

Vida de Pi, una novela trascendental que aboga por el humanismo y la superación personal de manera inteligente.

Jorge Iván Garduño
Fotógrafo, escritor y periodista mexicano.
jorgeivangg@hotmail.com
@plumavertical
 
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Revista “Molino de Letras” Septiembre-Octubre 2012