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Embriones humanos [Opinión]

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TEXTO PUBLICADO EL 5 DE AGOSTO DE 2017

Desde los llamados bebés de probeta hasta la manipulación genética, pasando por la clonación de embriones humanos, se han constituido en nuevos “milagros” de la ciencia, que hace noventa años eran sólo una idea concebida por algunos científicos, líderes sociales y uno que otro escritor de ciencia ficción.

Tal perspectiva fue lo que el británico Aldous Huxley describió hace más de una generación en su libro Un mundo feliz. Allí describió una era en que los niños nacerían por manipulación de ingeniería genética: serían concebidos en probetas, con espermatozoides y óvulos seleccionados, se incubarían y “nacerían” en laboratorios bajo una estricta supervisión, con las condiciones más avanzadas para permitir al embrión obtener los nutrientes que requeriría durante su vida, sustituyendo de tal forma la figura materna.

En tal mundo, ya no habría vínculo entre el amor o las relaciones sexuales entre esposos; y la unidad familiar sería casi inexistente. Hoy el mundo se acerca rápidamente a tal sociedad —ideada por los hombres. Ciertas técnicas que ya se están empleando son inquietantes en sí mismas.

No hace muchos días se dio a conocer en la revista Nature, una noticia que la comunidad científica ha llamado “un gran avance”: un grupo internacional de investigadores liderado por Estados Unidos han actuado como cirujanos del ADN, aplicando la técnica más novedosa de modificación genética, a fin de eliminar, en un embrión humano vivo, todo rastro de una mutación mortal, la miocardiopatía hipertrófica. Esta afección del corazón es la responsable de la muerte súbita de deportistas aparentemente sanos y está presente en una de cada quinientas personas.

La miocardiopatía hipertrófica (HMC, por sus siglas en inglés) es provocada por una mutación del gen MYBPC3 y la dolencia se presenta incluso cuando se hereda de uno solo de los progenitores, el padre o la madre. Sin necesidad de adquirirla de ambos, la presencia de una única copia de ese ADN diferente al normal ya es suficiente para desarrollar esta anomalía cardíaca.

En ella el músculo del corazón (el miocardio) aparece engrosado o hipertrofiado, lo que puede desencadenar la muerte súbita de jóvenes atletas o de cualquier persona que la padezca, sin presentar síntomas apreciables antes. Sin embargo, la experimentación y aplicación de esta técnica que puede salvar vidas conlleva implicaciones éticas que no todos aprueban, pues se realiza en embriones humanos.

Esto requiere la aprobación y el estricto control de comités de bioética. El de Estados Unidos lo ha aprobado con salvedades y ha permitido al equipo liderado por los investigadores Shoukhrat Mitalipov (EEUU), Juan Carlos Izpisúa (España) y Jin-Soo Kim (Corea del Sur) que lleven a cabo las pruebas que permitirán, en un futuro, minimizar o eliminar enfermedades congénitas.

Hasta la fecha, los ensayos que tuvieron lugar en China para aplicar la ya famosa técnica del ‘corta y pega’ genético (CRISPR-Cas9) en embriones humanos no habían tenido los resultados deseados, hasta hace unas semanas. Aunque muy precisa, CRISPR no está exenta de errores: Que no se corrijan todas las células o que se alteren genes que eran sanos, son algunas de las complicaciones que originan la ineficacia del método o la inseguridad de la técnica.

Con los asombrosos adelantos producidos en el campo de la reproducción artificial, ha surgido una candente controversia. Quienes están en pro, invocando consideraciones humanistas, piden acelerar las investigaciones y la experimentación. En cambio, los críticos sostienen que el bien que se pueda alcanzar queda más que anulado por los peligros de “jugar a ser Dios”. “¿Hasta dónde llegará todo esto?”, se preguntan. Y agregan que meterse a jugar con los orígenes de la vida es abrir una caja de Pandora que llevará a consecuencias aterradoras.

El mismo sentido de curiosidad que nos trajo las armas nucleares sigue abriéndose paso hacia nuevos problemas. Pronto, tal vez no sea cuestión de sobrevivir a una guerra nuclear ni de la supervivencia del más apto. Quizá, se reduzca la supervivencia únicamente a quienes han sido seleccionados desde un laboratorio.