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“Hendaya”, una novela policiaca con carga existencial

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Un hombre tomentosamente solo y resignado ante la vida, se ve acorralado por un grupo de sicarios que le busca en un bar en la inhóspita frontera España-Francia, un lugar excesivamente recurrente en Hendaya (Editorial Océano) novela de búsqueda-encuentro del escritor madrileño Marcos Eymar (Madrid, España, 1979).

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Tras la muerte de su madre, Jacques Munoz, quien vive cómodamente en Francia, siente la imperiosa necesidad de trasladarse al país ibérico: España, y desenterrar con pericia un pasado abrumador por el que le fue prohibida la lengua castellana desde su infancia.

Un libro que explora de cerca la “enfermedad contemporánea” que significa: el vacío existencial devenido por la angustiante soledad, el dilema de la ansiedad, una inquietud atronadora, la presión del dolor, la pena que embarga el alma humana, y el desamor que como género humano experimentamos día con día en una sociedad cada vez más irracional y que impide que disfrutemos nuestra breve existencia.

Munoz, a través de un relato que toma tintes policiacos, nos sumerge en su trastorno “del vacío”, que tras la angustia y dolor emocional por la pérdida de su señora madre, busca orientar su vida que ha quedado a la deriva –si es que en realidad alguna ocasión no lo estuvo–.

Adentrándose al “idioma prohibido”, Munoz afronta la desolación interior con el objetivo de recuperar el equilibrio emocional y así encontrar el sentido de la vida, y sólo así tal vez, poco a poco desaparezca la punzada de dolor y ausencia en lo profundo del pecho y las cosas comiencen a tomar sentido cuando experimente lo no vivido: la pertenencia.

En Hendaya seremos testigos de la vuelta de tuerca que en su vida experimentará Jacques Munoz, una etapa de un cambio profundo y extremadamente duradero y que le permite a su protagonista acceder a un plano de autoconocimiento e intimidad en el contacto con el otro, brindado tintes de expresividad y creatividad paliados con la compasión, el sentido del humor, la valentía, e incluso el dolor cuando se lo acepta dignamente y se le transforma en crecimiento personal… como bien puede ser el esperar a tus asesinos que crucen la entrada del bar en que te encuentras bebiendo plácidamente.

Hendaya, una novela finamente redactada que recoge el amor y el miedo de dos épocas, dos países, dos lenguas, a través de la mirada de un hombre que corre rumbo a un abismo, deteniéndose justo en la orilla sólo para asomarse y advertir el profundo deseo de dejarse llevar por lo que sabe que significaría una muerte segura.

… aunque si sobrevive a la caída… es más que seguro que se levantará fortalecido y recuperará el sentido de su vida…

Una novela policiaca que nos mantendrá expectantes de principio a fin, y que nos ofrece una enseñanza más allá del papel y la tinta.

Jorge Iván Garduño
@plumavertical
 
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Fatua locura

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De nueva cuenta

me secuestra esa sensación

entre los límites de abandono y locura

Cae un gran peso en mis hombros

mi rostro se ciñe con sus mejores galas

mas mi alma no está en esta realidad

Los cuerpos sinónimos al mío

pasan a mi lado sin siquiera inquietarse

cuerpos abandonados al hastío

Al pasar mi vista en ellos

veo en sus ojos toda una vida

pero ésta ya no los llena

Mis manos

son semejantes a las suyas

envueltas en papel carne

Ropas multicolores

trozos de tela

cubren estos cuerpos afines

Adornos

vanidades

o simples necesidades

Nuestras ambiciones

¿a dónde nos conducen?

¿A dónde nos dirigen?

Levanto la mirada.

La naturaleza se encarga de hacernos iguales

nuestra naturaleza nos hace desiguales

Bajo la mirada.

Inventamos límites entre símiles

y muros derrumbamos ante antónimos

¿Cómo no caer en el absurdo de este mundo?

¿Cómo saber si uno cruza la frontera?

¿Cómo no ver cenizas al final de los días?

Anda

calla

levántate

Sigue caminando por estas calles

en tanto que pasa escóndete un momento

verás los despojos que dejan los perros.

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EN LA CRISIS DEL INDIVIDUO

Jorge Iván Garduño
@plumavertical

La retratista del vacío japonés: Banana Yoshimoto

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Desde que las letras japonesas comenzaron a producir sus primeras obras literarias, siempre se han caracterizado éstas por poseer un gran valor artístico y literario como los Ise monogatari (Relatos de Ise), por surgir en los albores de las culturas orientales que han ido dando paso a otras artes.

En la sociedad oriental la oralidad dio paso a expresiones artísticas como el teatro no, el kabuki, la plástica, el manga, el anime, el cine, la música y la literatura moderna, que en su forma escrita toma un impulso demoledor, ya que no se vasa únicamente en el trabajo escrito, sino que la preexistencia de la oralidad viene a reforzar de manera rotunda el perfeccionamiento literario japonés.

Esta literatura, como todas las letras universales, se nutre de la comunicación y su oralidad, dando pie a que exista a través de las letras y el lenguaje que ellas forman, manifestándose de manera visual, oral o escrita, siendo la literatura japonesa una de las más visuales, que obtiene su valor estético e intelectual desde el momento de su concepción.

Y es a partir de esa concepción única, que los escritores japoneses surgen como una suerte de alquimistas venidos en la noche por sorpresa, con la firme intención de expresar un lenguaje que toma el rol de retratista social.

En este marco surge Mahoko Yoshimoto (1964), quien utiliza el seudónimo literario de Banana Yoshimoto debido a su gusto por las flores rojas de la banana y los pseudónimos andróginos; es hija de uno de los críticos y filósofos japoneses más importantes de la década de 1960, Ryumei Yoshimoto, y hermana de Haruno Yoiko, dibujante.

La escritura de Banana Yoshimoto es de un estilo excesivamente claro, su lenguaje aquiescente permite matices sumamente lúcidos, dotado de una nueva poesía generacional, donde temas nunca antes explorados en el Japón son recurrentemente utilizados por esta escritora.

La cultura japonesa, de la que nos habla Yoshimoto, es un Japón moderno, rico en tradiciones milenarias pero sorprendentemente insólito en el avance tecnológico que ha desarrollado en los últimos cincuenta años y donde las nuevas generaciones, como las de Banana, están devorando comics, video-clips, equipos de audio-video personales, telefonía celular, video juegos, que van dejando a su paso jóvenes desconcertados, ansiosos, con temores, abrumados y en una soledad recurrente.

El mundo en el que transita Yoshimoto es un mundo contradictorio, saturado de un vacío generacional, pero con unas ganas extraordinarias por vivir y amar; en eso radica la escritura emocional, árida y puntillosa que nos plantea la escritora en sus novelas.

Esa es la literatura que nos ofrece Banana Yoshimoto, que desde que publicó su primera novela Kitchen, obtuvo inmediatamente las mejores críticas y se convirtió en un verdadero éxito de librerías alcanzando las sesenta ediciones en Japón y los seis millones de lectores.

Gracias a escritoras como Yoshimoto, podemos descodificar a las sociedades del pasado o las contemporáneas de Oriente, por esa labor y visión de escritores y escritoras tan lúcidas que dan rostro, apellido y alma ya no sólo a las letras nacionales, sino a las letras universales.

El ejercicio de Banana Yoshimoto, enriquece el conocimiento y la capacidad de penetración en la realidad propia y ajena por tratarse de una verdadera suma de mensajes entre seres humanos que reflexionan sobre su entorno y sobre la sociedad en que se origina su escritura.

Banana Yoshimoto, una escritora que cumple con el rasero que imponen un buen número de clasificaciones generacionales, sin embargo creo que es oportuno insistir en que se caracteriza por su feliz coincidencia con espíritus antes dispersos a través de las letras.

Más allá de los premios literarios que ha alcanzado, del aplauso que le han brindado o la polémica que causa con su forma de novelar, es cierto que en un panorama general ella ha abandonado parcialmente ciertos escenarios que eran comunes en la literatura japonesa de sus maestros y ha impuesto su enfoque a detalle de los escenarios locales de su sociedad.

Las lecturas que merecen las obras de Yoshimoto nos brindan comprensión a una de las culturas orientales más fascinantes, validando el mensaje que nos quiere transmitir haciéndolo resonar en un eco que alcanza a muchos otros autores y lectores de Oriente y Occidente, ávidos por aceptar y entablar un diálogo de complicidad crítica, sana y constructiva.

Banana Yoshimoto, una escritora que asume su realidad –como corresponde a cualquier autor que se precie de serlo–, que pretende aportar las mejores obras que esté en sus manos escribir y que parte de una muy buena propuesta estética.

Jorge Iván Garduño
Fotógrafo, escritor y periodista mexicano.
jorgeivangg@hotmail.com
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