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“Las uvas de Zeuxis”, de Yves Bonnefoy

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El prolífico y activo escritor, ensayista y traductor francés Yves Bonnefoy (Tours, Francia, 24 de junio de 1923), cautiva cada día a más lectores mexicanos, muestra de eso es el galardón que hace dos años obtuvo en Guadalajara, el Premio FIL de Literatura, con el cual quienes no habían tenido la oportunidad de leerlo, ya lo han hecho, y como a todos nos ha ocurrido al leer un texto de él: cautiva.

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Este es el caso de Las uvas de Zeuxis que publica Ediciones Era, la cual ya nos tiene acostumbrados a la calidad de sus autores, así como a las de sus ediciones, y en este caso no es la excepción.

En Las uvas de Zeuxis, Bonnefoy parte aquí de un relato legendario: Zeuxis, famoso pintor griego del siglo V a.C., en una ocasión pintó unas uvas tan perfectas que los pájaros llegaron a picotear la tela. Los poemas transmiten una contemplación que toca de manera directa y también tangencial la interacción constante entre arte y realidad: ¿qué entendemos por realidad? ¿Es el fenómeno, las cosas mismas, o es aquella esencia imperecedera que está detrás, y de la cual el fenómeno es sólo una réplica? ¿El arte debe ser sólo una imitación de la naturaleza o ha de surgir, más bien, imitando sus múltiples procesos de creación?

En el texto “La invención de la pintura” y en “Más sobre la invención del dibujo” (poema inédito aun en francés, que Yves Bonnefoy ha dado exclusivamente para esta edición), la hija del alfarero de Corinto inventa el dibujo al querer trazar sobre el muro el contorno del cuerpo de su amante, proyectado por una lámpara. A partir de esta creación imaginaria, Bonnefoy alude a los antiguos vasos griegos de figuras negras, en los que las figuras tenían aspecto de sombras.

En la última parte del libro parecería darse una descomposición gradual de la acabada perfección del cuadro legendario de las uvas de Zeuxis. Los intentos del pintor se frustran; los pájaros, criaturas rapaces, llegan a su tela no sólo para picotear la pintura sino para robarle incluso las ideas. El “Autorretrato de Zeuxis” ofrece una conclusión llena de sugerencias: “La tumba de Zeuxis se encuentra en el repliegue de dos montañas, del otro lado de la falla. […] Sólo los pájaros que Zeuxis pintó a media altura del cantil pueden llegar a grandes aletazos hasta el lugar donde ahora reposa, y después volver hacia nosotros gritando en la estrecha galería donde nos rozan y nos dan pavor”.

Una obra en la que la voz poética de Yves Bonnefoy resuena en cada línea, y se impregna en nuestra memoria mostrando el por qué ha sido considerado una de los poetas esenciales en la actualidad, manteniendo en todo momento una relación estrecha con las corrientes surrealistas y simbolistas.

Yves Bonnefoy, quien también es miembro del Collège de France, es hijo de quien fuera ferrocarrilero y de una enfermera, nació en Tours, Francia, en 1923, y se interesó por la filosofía y las matemáticas desde sus primeros estudios. Además de considerar la poesía como una materia que funge “un papel importante en las sociedades democráticas, al propiciar un intercambio recíproco entre las personas”.

Asimismo es considerado uno de los poetas franceses más importantes de la segunda mitad del siglo XX, y entre los poemarios que le colocado en la palestra literaria están: Anti-Platon (1953), Pierre écrite (1965) y Rue traversière (1977).

Yves Bonnefoy, un lúcido poeta y escritor que sólo busca transmitir el paisaje que percibe con su corazón, pero que al ser plasmado en el papel, ha cautivado a millones de lectores con su prosa poética cargada de amor, fatalismo y tesón.

Jorge Iván Garduño

@plumavertical

Este texto ha sido publicado en:

http://efektonoticias.com/noticias/mexico/las-uvas-de-zeuxis-de-yves-bonnefoy

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