Archivos Mensuales: agosto 2011

El reflejo de la identidad en el exilio

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Por años, Pakistán ha sido núcleo de constantes luchas religiosas, políticas y sociales, en las que la desigualdad entre los grupos de poder y sus gobernados son una constante en ascenso en pleno siglo XXI. Esta escalofriante diferencia bien nos recuerda las discordancias entre musulmanes e hindúes que a diario viven dentro de las fronteras de esta república, mismas que se acentuaron desde su proclamación de independencia en 1947, siendo el problema de Cachemira el más mediatizado.

En un panorama nada alentador y teniendo como escenario la zona montañosa del norte, Cachemira occidental, el escritor paquistaní Zulfikar Ghose (Sialkot, 1935) utiliza los temas del exilio, la emigración y la pérdida de identidad para entretejer un viaje detallado y mítico en el tiempo y el espacio en su novela El triple espejo del yo, ocasionando que el mundo observe nuevamente la tradición cultural de esta nación de Asia meridional ubicada a orillas del mar Arábigo.

A este respecto, existe la falsa creencia de que la “tradición cultural” hace sólo referencia al ámbito de las artes o a la axiología social, y también el prejuicio de creer que la tradición implica un rescate de valores que perpetúa el poder o la jerarquía –muy comunes, por cierto, en Pakistán.

Estas posturas son imprecisas y Zulfikar Ghose así lo hace ver en su obra, ya que la tradición engloba el conjunto de conocimientos de la sociedad y en ella se integran tanto la ciencia, la religión, la pintura, la economía, el gobierno o la literatura, por lo que es un acto que recuerda en su memoria las funciones vitales de la sociedad como bien pueden ser voces, imágenes, inicios, desenlaces.

En El triple espejo del yo, Zulfikar Ghose hace repaso de la historia… su historia, y de la historia como pauta que acumula conocimiento y permite en un mundo devastado la sobrevivencia, los sueños, las pesadillas que nos embargan y se reiteran como obsesiones en preguntas –el cómo, el dónde, el por qué– fundamento de las acciones y las ideas, del cuerpo y las voces en la transitoriedad perenne del tiempo en el espacio.

La escritura de Ghose es un acto que nos vincula a lo plural, a la animalidad que subyace en nosotros recubierta de lenguajes, además nos expone a la intimidad, al deseo que traspasa las ataduras de lo cotidiano y transita en solitario sabiéndose confrontado en los límites de la noche que reposa en sí misma y regresa transformada en lo otro, en un espejo que derruye la costumbre y carcome la seguridad; un acto que persigue su liberación, una búsqueda que deja de lado la censura, el olvido.

Los vínculos que Zulfikar Ghose sostiene se relacionan con hilos que escapan e intentamos atrapar, simetrías intrínsecas de secretos que no son secretos, son máculas que al ir allá traspasan el aquí y ahora, que están y no están, que simplemente no se han ido, permanecen al acecho como una luz que parpadea, como un fantasma que se arropa en la emotividad de su propio sentir explorando en las formas del lenguaje los horizontes ocultos del ser, y el existir, en la experiencia de la prosa.

El triple espejo del yo, nos confronta a quemarropa con el cómo pensamos sobre nuestra identidad nacional cuando nos arrebatan nuestro país, nos mutilan nuestro futuro, nos laceran nuestro pasado y nos extirpan nuestra humanidad.

Su lectura implica un reto al lector, ya que Zulfikar Ghose nunca revela quién es el protagonista de tan inquietante novela, cuya identidad cambia a lo largo de la narración, lo que deja constancia para futuros y amplios estudios filológicos de tan sugestiva e inquietante obra.

Jorge Iván Garduño
Fotógrafo, escritor y periodista mexicano.
jorgeivangg@hotmail.com
@plumavertical
 
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La pluma maestra de la actual literatura libanesa

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Uno de los mejores exponentes de las letras modernas del Medio Oriente es, Amin Maalouf (1949), un escritor y ensayista nacido en el Líbano que redacta su literatura partiendo de la tradición poética milenaria en formato de prosa; condición que la hace sutilmente mágica y atrayente.

Dentro del repertorio literario de Maalouf, tenemos dos portentosas obras maestras: León el africano y Samarcanda, novelas que integran elementos históricos, además de conflictos religiosos propios de la media luna y donde la geografía mantiene un papel preponderante al tiempo que nuestra vista recorre las líneas escritas.

Sin caer en posiciones extremas, Maalouf busca que su prosa mantenga una voz coloquial alineada con la magnificencia de la más alta literatura europea, lo que le permite acceder a una especie de constante perfeccionamiento intelectual con una visión cosmética de su país: el Líbano.

Siguiendo la tradición de que la literatura es una aventura personal que se ejerce casi en secreto, Amin Maalouf redacta desde su trinchera intimista textos precisos y cómodos, pero de los que también brotan grandes torrentes de cultura logrando hacer de cada oración un asunto poético.

Es así como conjugando filosofía poética, se conforma una obra con altos niveles de esteticidad artística, que sitúan al lector bajo el dinamismo de la lucidez con la finalidad de mostrarle la lucha que entabla el ser humano por la supervivencia de su civilización, o bien de su sociedad.

Este rigor litigante en los relatos de Maalouf, tiene como objeto buscar el respeto por las culturas minoritarias, que en gran parte de los casos son la base de las grandes civilizaciones musulmanas o cristianas, alcanzando una integración cultural y religiosa, permitiendo suponer que el juego de convivencia-tolerancia que existe en la región tiene una fecha de término, para bien o para mal.

Amin Maalouf delinea textos literarios hasta cierto punto laberínticos, en el que agota todas las posibilidades de reflexión sobre un asunto en particular, y con cada obra publicada nos deslumbra gracias a la variedad de argumentos y tramas, tan excelentemente bien construidos, pero a la vez, de una sencillez atractiva de la que toma su belleza.

Sirviendo de puente con la histórica literatura europea, la prosa de Maalouf expone tensiones inherentes a la vida y la memoria, su escritura se caracteriza por una elegancia hipnotizadora, que utiliza un lenguaje natural, conciso y directo.

En el caso de Samarcanda, el lector se encuentra sumergido en una especie de flashback continuo, que genera una urdimbre que avanza en la línea narrativa, pero al mismo tiempo no se nos revela lo más importante de la trama, lo que crea de principio a fin una sensación indescifrable, por lo que catalogo a esta novela en una verdadera obra de arte y a su autor, en un soberbio escritor.

Maalouf, que se dio a conocer universalmente con León el africano, una portentosa novela que enmarca la historia con el paisaje del mediterráneo, es un gran conocedor de la lengua árabe y francesa y ganador, gracias a su penetrante pluma, del prestigioso Premio Goncourt.

La obra, en su conjunto, de este escritor libanes nos permite contemplar la riqueza artística de los países musulmanes; muestra representativa de la solidez literaria que el también autor de El viaje de Baldassare ha logrado.

Amin Maalouf, un verdadero genio de las letras universales, que funde su origen musulmán y cristiano para redactar una obra que es la joya libanesa de la modernidad.

Jorge Iván Garduño
Fotógrafo, escritor y periodista mexicano.
jorgeivangg@hotmail.com
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