Archivos Mensuales: octubre 2007

Henry Miller, precursor de la novela negra y la generación “Beat”

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Henry Valentine Miller nació el 26 de diciembre de 1891 en Nueva York, dentro de una familia humilde de origen alemán, y falleció en California el 7 de junio de 1980 acausa de problemas circulatorios. Sus actividades fueron las de telegrafista, peón de rancho, recadero, vendedor de enciclopedias a domicilio, jefe de personal de la WesternUnion, boxeador y además de haber contraído cinco veces matrimonio, pasó por el París de la GeneraciónPerdida(1930-1980).[i]

Toda la obra de Miller, en una primera lectura, parece estar repleta de odio a los judíos, los alemanes, a las mujeres, a los Estados Unidos, a Dios… una lectura reflexiva y objetiva te lleva a pensar que su prosa –por encima de consideraciones morales– no deja de ser un canto extremado pero admirable a las libertades tradicionales americanas, una travesía despiadada por su país y su inconsciente; el narrador de la urbe, de las prostitutas, de los locos, de los reventados por la vida, de todo ese delirante modus vivendi americano.

Henry Miller es considerado un anarquista literario, un fiero opositor de los convencionalismos existentes en las décadas de entre 1930 y 1980, ya que sus textos vitalistas, eróticos, anarcoides y de una franqueza sexual despiadada, desencadenaron grandes polémicas y censuras en la Unión Americana generadas a partir de su novela Trópico de Cáncer; publicada en París en 1934 y en América hasta 1961 junto a Trópico de Capricornio.

En la década del cincuenta intentar la lectura de Miller era poco más que una aventura pecaminosa, ilícita y clandestina, su aproximación desprejuiciada hacia las relaciones pasionales, fueron la causa de su desaparición de los corredores literarios; a partir de él, la literatura se revolucionó y comenzó un cambio generacional dentro de las letras norteamericanas que influyeron universalmente: la generación del “Beat”.[ii]

La Beat Generation, fue un grupo de escritores estadounidenses de los años ’50, que mostraban su rechazo a la corriente social mayoritaria a través de su literatura ajena a todo convencionalismo y a un estilo de vida alternativo que proclamaba la revolución sexual, la utilización de la píldora anticonceptiva, la vida comunal, los muchachos florales, la insurrección de los jóvenes, los narcóticos, la apertura conceptual y social; pero Miller ya lo había hecho por su cuenta, mucho antes. Fue uno de los precursores de un estilo que marcó una época.

Henry Miller combina desvergonzadamente amor, sexo, odio, sueños, pasiones, realidad, frustraciones y muchos etcéteras en una obra única y feroz, en la que convergen los sentimientos y contradicciones de un hombre que se enfrenta al hecho de vivir y que podría ser tachado hoy día de sexista, misógino o abominable machista que se encuentra siempre al borde del abismo.

Sus escritos, están ausentes de estructuras convencionales y carentes del uso de una narración lineal, los cuales se vinculan a la exposición introspectiva de un universo esencialmente masculino, con tendencia a la práctica erótica y el proceder nihilista, modelado con un cierto sentido lírico de la prosa, esencia libertaria y vitalista, y de una plasmación autobiográfica con base en el flujo de conciencia.

Miller piensa que su patria está enferma, por eso practica el canibalismo con ella. <<Por fuera parece un panal de miel, por dentro es un matadero. Norteamérica es una casa de putas dirigida por mujeres. He recorrido las calles de muchos países del mundo pero en ninguna parte me he sentido tan degradado y humillado como en América>>.[iii]

Entre las novelas más destacadas por este norteamericano menciono Trópico de Cáncer y Trópico de Capricornio, sus obras cumbres y que descifran su mundo literario, consideradas incluso como las precursoras del género de la novela negra por su temática y lenguaje.

Henry Miller inició la revolución moral del siglo XX; continuada por Kerouac y Burroughs con la generación “Beat”; seguida por el último escritor <<maldito>> de la literatura norteamericana, Charles Bukowski; abordada con humor por el analista de la <<neurosis social de América>>, Norman Mailer; y culminada por la figura legendaria del Nuevo Periodismo e inventor del llamado Periodismo Gonzo,[iv] Hunter S. Thompson.

Concluyo que está lejos de mí la idea de recomendar al lector violencia, odio y demencia; pero debo confesar que, a pesar de que Henry Miller maneja ingredientes de sabores fuertes, consigue una obra de arte, una novela que saca fuera lo malo que hay en el ser humano y que lo perturba, lo atrae y quizá palie algo el escozor de las heridas íntimas. <<Y es que revolcarse en el barro (de vez en cuando) dicen que es bueno para la piel>>.


[i] Artistas y escritores que a partir de su sentimiento de angustia y desengaño, crearon obras de modo tácito y, algunos de ellos muy lejos de sus ciudades natales.

[ii] Sus integrantes: Allen Ginsberg, Jack Kerouac, Neal Cassady y William S. Burroughs.

[iii] Henry Miller, Trópico de Cáncer.

[iv] Una manera de escribir, en el que el autor –alimentado con mucha química– se convierte en protagonista y catalizador de la acción.

Jorge Iván Garduño
Fotógrafo, escritor y periodista mexicano. Cursó estudios de Comunicación y Periodismo (UNAM). Colabora para revistas culturales, literarias, páginas web y periódicos de circulación nacional.
jorgeivangg@hotmail.com
 
Este texto fue publicado en:
 
http://www.lajornadaguerrero.com.mx/2011/07/17/index.php?section=opinion&article=004a1soc
 
Revista “Molino de Letras” marzo-abril 2008.
 
Revista “Desde el Sótano” de librerías El Sótano julio-agosto 2009. 
 
Revista “Nosotros” diciembre 2007

Llegó la hora del “Diablo Guardián”

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“Todo cambia. Nada permanece”, esta sentencia pronunciada hace ya varias décadas, es aplicable hoy en día al percibir las deformaciones que sufre la sociedad con el correr de los años. Los discursos dialécticos de la época de Platón cedieron su lugar al poder aplastante del Imperio Romano de los césares; el Sistema Feudal dio paso al dominio del capitalismo con el invento de las máquinas y con ello la Revolución Industrial llegó; y luego de dos siglos más, lo que muchos denominan la Era Posmoderna.[1]

Esta conquista del poderoso sobre el más débil ha sido la constante en el transcurso de los siglos, y la meta del ser humano es en todo momento alcanzar la hegemonía individual, nacional o mundial. “La vida, por sí misma, es cambio y continuidad. Todo cambia y al mismo tiempo se sedimenta en la memoria histórica aquello que la gente convierte en cultura, en forma de vida, en costumbres y formas cultivadas de pensar”.[ii]

Xavier Velasco (México, 1964), consigue lo anterior con su novela Diablo Guardián (Premio Alfaguara 2003), con ella nos sumerge en el submundo dialéctico y deformado de nuestra actualidad, a la que denomino: Sociedad Híbrida. Expliquémoslo mejor.

A lo largo de la historia de la humanidad, se ha tenido un pasado azaroso y con épocas muy distintas, como la recordada Época Antigua, que siglos más tarde se denominara Época Clásica, luego Época Moderna. Ya en el presente, los medios de comunicación masivos están jugando un papel decisivo en la transformación de nuestro entorno, con esto estamos dejando atrás la Época Contemporánea para adentrarnos a la Era de la Comunicación, que bien se convierte en la “Era de la Incomunicación”.

Xavier Velasco plasma en un viaje alucinante llamado Diablo Guardián, las carencias de amor, afecto, cariño, moral, sensibilidad, respeto, humanidad, y todas las bondades del espíritu que van quedando en nuestro recuerdo sobre el mundo. La encargada de sostener el espejo para reflejarnos será Rosa del Alba Valdivia, la protagonista de la novela, quien nos narra su afán por “vivir la vida”, ¡sí!, pero de vivir la vida a su manera: una forma denigrante a su persona y a todo cuanto le rodea.

Todo comienza cuando Rosa –alias Violetta–, se escapa a Nueva York con cien mil dólares robados a sus padres y, en su intento por cruzar la frontera, conoce a un joven norteamericano con quien sostendrá una intensa relación de víctima-verdugo, donde ella es el verdugo.

En aquella ciudad, Violetta se dará a la tarea de “quemar” durante cuatro años los miles de dólares, para pronto volverse a encontrar en la miseria de la cual escapó de su hogar, esta situación no la podrá soportar. Aprenderá a enganchar hombres en lobbies de hoteles lujosos para mantener ese ritmo de vida acelerado, todavía más por el polvo blanco que introduce por su nariz en generosas cantidades.

Violetta sólo creé en un único amor, el dinero, por él es capaz de todo. ¿Cuántas personas hoy día fracturan sus ideales por ese fetiche?, terminan siendo solamente la fantasía de la apariencia: de la seguridad del dinero, la seguridad de los artificios, esa detestable seguridad que corrompe a la sociedad y carcome el espíritu más noble.

Ella, Violetta, es el ícono de muchos individuos que reniegan de su verdad, de su origen, de su país, de la familia, del amor, prefiriendo “escapar” y cometer hurtos, hablando mentiras, engañando, prostituyéndose de muchas maneras, cayendo en un abismo degenerado y sin valores a fin de convertirse en personas de doble moral. Rosa del Alba creía en el amor, Violetta no, por eso era necesario ese estigma creado por ella: Violetta, la que “sabe” vivir su presente, la que “sabe” lo que quiere.

A pesar de que muchos aseguren que es imposible cambiar, el ser humano es un individuo que se caracteriza por encontrarse en un cambio constante, por lo tanto esta cuestión no resulta fácil de resolver, ya que nos encontramos frente a un problema filosófico con el que nuestro género ha estado lidiando por más de seis mil años: la inestabilidad del ser.

Pero todo tiene su precio, Violetta lo descubre cuando conoce a Nefastófeles, un cretino que la deslumbra por su supuesta riqueza; él será el encargado de clavarse en su espalda como daga hirviendo y recordarle lo “poco” que ella vale y cuánto lo necesita… <<hasta que, ya de vuelta en México, se tropiece con Pig, y llegue entonces la hora del Diablo Guardián>>.

Un libro con una fluidez inteligente, argumento impetuoso y de temática muy actualizada, todo esto, para recrear una novela de lo mejor lograda en la literatura contemporánea, que a pesar de haber obtenido uno de los premios literarios de mayor interés editorial para su comercialización, se ubica dentro de los relatos destacados y trascendentales de los últimos años.

Xavier Velasco, escritor mexicano egresado de la facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, un personaje bizarro y poco cómodo para muchos, pero de una ironía y desfachatez quimérica. Criticado en el ambiente literario por rosar la línea que divide la literatura de los Best Sellers, sin embargo, respetado por su audacia, inteligencia y no poca lucidez sobre problemáticas del siglo XXI.

Diablo Guardián, una visión apocalíptica de nuestra realidad, de la verdad, del desgaste de nuestro lenguaje, de la naturalidad con la que todos viven a pesar del caos, un mundo asaltado por jóvenes irresponsables… de ese continuo cambio que tiene su origen en el pensamiento de Heráclito, quien vivió cinco años antes de la era cristiana y a quien parafraseé al comienzo de este texto.

Cuantos más avances tecnológicos adquiere una sociedad, mayor es el conflicto en el interior de cada persona (angustias, depresión, soledad, carencia, necesidad, ambición, muerte), que está desembocando en seres humanos híbridos, indefinidos y cada vez más complejos e ignorantes. Inventamos los medios de comunicación pero estamos supeditados a ellos; usamos los avances científicos y tecnológicos pero nadie los conoce a plenitud.

Con su famosa frase: “No podemos bañarnos dos veces en el mismo río”, Heráclito quiso expresar que todo cambia, que todo fluye y que nada permanece estático; el mismo comportamiento que sucede en nuestra cotidianidad, en la realidad de la que nos habla Diablo Guardián: la vida, el ser humano, las cosas, que sufren un proceso de desintegración y el cambio, que es la esencia de la sociedad, que por desgracia, se la va llevando el diablo.


[1] También denominada Época de la Incomunicación o como la llamo: Era de la Saturación de Información: Era Híbrida.

[ii] Dagoberto Valdés Hernández, Educación Cívica, Revista “Vitral”, No. 77, Enero-Febrero de 2007.

Jorge Iván Garduño
Fotógrafo, escritor y periodista mexicano
jorgeivangg@hotmail.com

Frankenstein: la desgracia humana

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Cuando recién ingresé a la universidad a estudiar Ciencias de la Comunicación y Periodismo, una de las primeras novelas que debí leer y analizar fue de esas narraciones catalogadas de “terror”: Frankenstein o el moderno Prometeo.

Hasta esa fecha, yo como la mayoría de los lectores y no lectores, suponía que en este libro me toparía con uno de los monstruos más crueles y sanguinarios que nos ha dado la literatura… al final del relato me di cuenta que ésta no es una historia de terror.

La anécdota, que envuelve a esta excepcional novela, cuenta que un grupo de amigos[i] se encerraron un par de semanas en una villa en Ginebra, Suiza, para comentar crónicas sobre fantasmas junto al lago Leman. Debido al mal tiempo, lord Byron propuso que cada uno de los presentes escribiera un relato fantástico para ser expuesto al juicio de los demás; a Mary Shelley (1797-1851) no se le ocurría ninguna idea, nada que escribir.

Fue hasta una noche que recordó las conversaciones de su marido con Byron sobre la cuestión del momento: la naturaleza del principio vital, y la posibilidad de llegar a descubrir dicho principio y conferirlo a la materia inerte. Galvani aseguraba que los músculos de un cuerpo inerte, de un cuerpo sin vida, podían recobrar sus funciones si se les aplicaba descargas eléctricas. Se trataba de la posibilidad de infundir vida a la materia inerte.

Mary Shelley, comenzó a trabajar sobre las teorías de los científicos para escribir una obra que más que provocar el miedo en el lector, debía inducirle a la reflexión sobre la eterna pretensión humana a través de sus prácticas científicas de igualarse a Dios, por ejemplo, la de reanimar un cadáver.

La novela de Frankenstein (Londres, 1818) fue escrita por su autora en un claro estilo gótico tardío, y es considerada como un temprano ejemplo del género de terror; la distorsión que ha sufrido su personaje dentro de la cultura popular es el resultado de las primeras versiones cinematográficas de los Estudios Universal, sin embargo, la criatura creada por el doctor Víctor Frankenstein sólo esconde bondad e inteligencia.

La idea de la que partió Shelley es, la de un hombre que anhela el conocimiento y la sabiduría con la finalidad de “mejorar” la débil e imperfecta naturaleza del ser humano. Ese hombre es el doctor Víctor Frankenstein,[ii] quien considera a los hombres como <<seres incompletos>> y lo único que podría compensar esa carencia es <<el conocimiento de la ciencia>>. Aquí es donde verdaderamente comienza el horror de la novela, el horror de nuestro mundo.

La búsqueda de ese conocimiento y perfección, ha puesto al hombre en una carrera de velocidad máxima y sin freno. La ciencia hoy día, pretende desarrollarse y controlarse hasta el punto de ser capaces de detener el curso de la naturaleza hacia la disolución; en Frankenstein se habla de la posibilidad de alcanzar este deseo, y ello, constituye el centro de su “horror”.

Es así como el científico y filósofo suizo, Frankenstein, inspirado en la filosofía ocultista, desea crear una criatura de apariencia humana y darle vida, ¿con qué finalidad?, ninguna otra que la de la vana satisfacción personal, que aun sabiendo que traerá desgracia a un pueblo entero, continúa con el proyecto hasta su término. <<Y, sin embargo, cuando mi obra estaba ya lista, mi sueño perdía todo atractivo y una repulsión invencible se apoderaba de mí>>.

Esta idea de la reanimación la encontramos en gran parte del terror moderno, por otra parte, “la tentativa de alterar el orden natural caótico en aras de una certidumbre lineal es algo que la sociedad moderna hace continuamente”; esta idea la mantengo desde esa primera lectura que tuve de Frankenstein en la Facultad. Nosotros, en la actualidad, “estamos decididos a forzar la naturaleza hasta en sus últimos reductos y lo hacemos con un ardor apasionado y una constancia inquebrantable; todo porque nuestros ojos permanecen insensibles a los encantos de ella, la naturaleza”.

Metafóricamente, al igual que el doctor Frankenstein, en nuestro diario vivir infundimos vida a objetos inertes a través de electricidad; los medios de comunicación, de transporte y la explotación de los recursos naturales del planeta no serían posibles sin la aplicación de algún tipo de energía, y todo esto tiene a la Tierra al borde de su destrucción.

La criatura creada por el doctor Víctor Frankenstein sólo es de apariencia grotesca, sin embargo el verdadero monstruo es su hacedor; los objetos y medios inventados por el hombre no son los que han sumido a nuestro género en una crisis constante, sino el hombre mismo que es el culpable de la desgracia humana.

Quizá fuera posible fabricar artificialmente  las partes que componen el cuerpo de una criatura humana, ensamblarlas y dotarlas de vida, o mejor aún, a partir de nuestros códigos genéticos “crear” un ser con las características que nosotros deseemos.

Deberíamos de tener la capacidad de reconocer nuestras limitantes tal y como lo hizo en su momento Víctor Frankenstein diciendo: <<jamás creí que la amplitud y complejidad de mi proyecto fueran argumentos válidos para probar la imposibilidad de su consecución>>.

Al final de todo el discurso Frankenstein revalora sus ideales. <<Para aproximarse a la perfección, un hombre debe conservar la calma y la tranquilidad de espíritu sin permitir jamás que ésta se vea turbada por una pasión o un deseo momentáneo. No creo que la búsqueda del saber sea una excepción a la regla. Si el estudio al que uno se consagra puede llegar a destruir su gusto por los placeres sencillos que no pueden ser mixtificados, entonces ese conocimiento es sin duda negativo, es decir, no es conveniente a la naturaleza humana>>.

Mientras continuemos con la fabricación de entornos antinaturales pasando por los intentos de retrasar la muerte, el envejecimiento o de elevarnos a niveles que no nos pertenecen, nuestra sociedad seguirá sumida en el “horror” que plantea Frankenstein. Y ahora sí concluimos que esta novela no es de terror, mas bien es un estudio que <<otorga la posibilidad de adentrarse en las pasiones humanas con más comprensión y autoridad de las que ofrece el simple relato de hechos estrictamente reales>>.


[i] Los amigos allí reunidos eran lord Byron, El médico italiano Polidori, el poeta Percy Bysshe Shelley y Mary Shelley, su compañera.

[ii] De él toma su título la novela. En realidad, la criatura creada por el doctor no se le asigna ningún tipo de nombre, mas que el de “monstruo”.

Jorge Iván Garduño
Fotógrafo, escritor y periodista mexicano. Cursó estudios de Comunicación y Periodismo (UNAM). Colabora para revistas culturales, literarias, páginas web y diarios.
jorgeivangg@hotmail.com