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“El ladrón de céntimos”, de Christophe Paul

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Christophe Paul nación en París, Francia durante el invierno de 1957. Se inició como escritor en el Liceo Francés, narrando acontecimientos del colegio y de su entorno cercano. Escribe para sí mismo y sus amigos. Más tarde incorporará sucesos y noticias internacionales a sus relatos, que denotarán una consistencia y un dominio de los recursos narrativos notable.

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Este escritor francés ha impactado en el escenario literario con una obra que nos habla sobre la posibilidad de realizar un robo perfecto: El ladrón de céntimos (Ediciones B), con la que se muestra como un maestro que va tejiendo una trama donde cada uno de sus personajes juega un papel trascendental para mantenerlos perfectamente trenzados mediante sospechas, investigaciones, asesinatos y un refrescante toque de humor negro..

La historia nos la cuenta Christophe Paul con un lenguaje fácil, sin perderse en terminologías informáticas ni tampoco bancarias, ya su relato transcurre en nuestro mundo lleno de avance tecnológico y supeditado a la digitalización de que somos presos.

Con el encanto de las calles de París y el suspense del mejor thriller de Hollywood, El ladrón de céntimos es una novela dedicada a todos los que han sufrido alguna vez la soberbia, la codicia y las injusticias del sistema financiero. Un recorrido trepidante desde Montmartre hasta La Défense, el ultramoderno barrio financiero con sus rascacielos de oficinas.

El protagonista, Henri Pichon, es un tranquilo y brillante informático cuya rutina se ve alterada por un accidente fortuito a partir del cual cambiará el destino de quienes lo rodean.

El ladrón de céntimos es en definitiva un libro que consigna una historia cuyo ritmo va en aumento hasta las últimas páginas.

Jorge Iván Garduño

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Cuerpo presente

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Al declinar el sol en una tarde serena de febrero, tu voz entrecortada resuena al otro lado del teléfono. Nuestras vidas se encontraron, mientras las últimas hojas del invierno acariciaban el suelo.

Aún se observan las sombras de un joven con sueños, acompañado de un respetable anciano que juntos charlan por las calles de la gran ciudad. Sus pasos y el murmullo de aquellas voces llenan vacíos, filtrándose por los pliegues del alma, estremeciendo y resonando por la eternidad.

Observo con los ojos humedecidos una soledad espectral en los cafés, salas de arte y museos.

Un tenue suspiro de luz se filtra por la ventana que indiscretamente traspasa la gruesa cortina…

Cruje el silencio bajo mis pies.

A José Eduardo López-Bosch, amigo

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“Las uvas de Zeuxis”, de Yves Bonnefoy

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El prolífico y activo escritor, ensayista y traductor francés Yves Bonnefoy (Tours, Francia, 24 de junio de 1923), cautiva cada día a más lectores mexicanos, muestra de eso es el galardón que hace dos años obtuvo en Guadalajara, el Premio FIL de Literatura, con el cual quienes no habían tenido la oportunidad de leerlo, ya lo han hecho, y como a todos nos ha ocurrido al leer un texto de él: cautiva.

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Este es el caso de Las uvas de Zeuxis que publica Ediciones Era, la cual ya nos tiene acostumbrados a la calidad de sus autores, así como a las de sus ediciones, y en este caso no es la excepción.

En Las uvas de Zeuxis, Bonnefoy parte aquí de un relato legendario: Zeuxis, famoso pintor griego del siglo V a.C., en una ocasión pintó unas uvas tan perfectas que los pájaros llegaron a picotear la tela. Los poemas transmiten una contemplación que toca de manera directa y también tangencial la interacción constante entre arte y realidad: ¿qué entendemos por realidad? ¿Es el fenómeno, las cosas mismas, o es aquella esencia imperecedera que está detrás, y de la cual el fenómeno es sólo una réplica? ¿El arte debe ser sólo una imitación de la naturaleza o ha de surgir, más bien, imitando sus múltiples procesos de creación?

En el texto “La invención de la pintura” y en “Más sobre la invención del dibujo” (poema inédito aun en francés, que Yves Bonnefoy ha dado exclusivamente para esta edición), la hija del alfarero de Corinto inventa el dibujo al querer trazar sobre el muro el contorno del cuerpo de su amante, proyectado por una lámpara. A partir de esta creación imaginaria, Bonnefoy alude a los antiguos vasos griegos de figuras negras, en los que las figuras tenían aspecto de sombras.

En la última parte del libro parecería darse una descomposición gradual de la acabada perfección del cuadro legendario de las uvas de Zeuxis. Los intentos del pintor se frustran; los pájaros, criaturas rapaces, llegan a su tela no sólo para picotear la pintura sino para robarle incluso las ideas. El “Autorretrato de Zeuxis” ofrece una conclusión llena de sugerencias: “La tumba de Zeuxis se encuentra en el repliegue de dos montañas, del otro lado de la falla. […] Sólo los pájaros que Zeuxis pintó a media altura del cantil pueden llegar a grandes aletazos hasta el lugar donde ahora reposa, y después volver hacia nosotros gritando en la estrecha galería donde nos rozan y nos dan pavor”.

Una obra en la que la voz poética de Yves Bonnefoy resuena en cada línea, y se impregna en nuestra memoria mostrando el por qué ha sido considerado una de los poetas esenciales en la actualidad, manteniendo en todo momento una relación estrecha con las corrientes surrealistas y simbolistas.

Yves Bonnefoy, quien también es miembro del Collège de France, es hijo de quien fuera ferrocarrilero y de una enfermera, nació en Tours, Francia, en 1923, y se interesó por la filosofía y las matemáticas desde sus primeros estudios. Además de considerar la poesía como una materia que funge “un papel importante en las sociedades democráticas, al propiciar un intercambio recíproco entre las personas”.

Asimismo es considerado uno de los poetas franceses más importantes de la segunda mitad del siglo XX, y entre los poemarios que le colocado en la palestra literaria están: Anti-Platon (1953), Pierre écrite (1965) y Rue traversière (1977).

Yves Bonnefoy, un lúcido poeta y escritor que sólo busca transmitir el paisaje que percibe con su corazón, pero que al ser plasmado en el papel, ha cautivado a millones de lectores con su prosa poética cargada de amor, fatalismo y tesón.

Jorge Iván Garduño

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“Andar. Una filosofía”, de Fréderic Gros

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Siempre que se nos habla de filosofía, nuestra mente nos remite a realizar extrañas cavilaciones e intrincadas propuestas orales para situarnos a nivel de las circunstancias del medio que nos presenta este reto intelectual, sin embargo la filosofía no debe ser vista de esta forma compleja, deberíamos entenderla como un acto natural del hombre.

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Con esto trato de decir que el pensamiento filosófico está presente en la vida diaria del ser humano, pero por circunstancias de nuestros muy diversos estilos de vida, difícilmente reparamos o nos detenemos por unos instantes a ejercer y practicar la filosofía de forma sencilla.

Bien es cierto que el hecho filosófico en grados muy elevados es en sí bastante complejo, pero en promedio los niveles de complejidad no están presentes ni elevados, no se requieren enormes dosis de destreza para entenderla ni mucho menos grandes estudios en temas en particular; lo único que se nos exige es raciocinio, y ese, todos lo tenemos.

En el exclusivo tálamo sofista, los pensamientos del filósofo francés Fréderic Gros reposan de forma soberbial en un mundo elocuente por pensamientos fulminantes y lapidarios, donde los ideales de este pensador tienen voz, eco y una resonancia épica en el mundo de la literatura universal.

Andar no exige ni aprendizaje, ni técnica, ni material ni dinero. Sólo requiere de un cuerpo, de espacio y de tiempo. Cada día son más los aficionados a caminar, y todos ellos obtienen los beneficios de esa propensión: sosiego, comunión con la naturaleza, plenitud.

Pero andar es también un acto filosófico y una experiencia espiritual. Pasando del vagabundeo al peregrinaje, de la andanza al recorrido iniciático, de la naturaleza a la civilización, Frédéric Gros se nutre de la literatura, la historia y la filosofía para demostrarlo en Andar. Una filosofía (Taurus). Rimbaud y la tentación de la huida, Gandhi y la política de resistencia, sin olvidar a Kant y sus paseos cotidianos en Königsberg.

¿Y si solo se pudiera pensar bien a través de los pies? ¿Qué quería decir Nietzsche cuando escribió que «los dedos de los pies se aguzan para escuchar»? A caballo entre el tratado filosófico y el elogio del arte de desplazarse a pie, este libro deleitará incluso a quienes aún no se sabían caminantes.

Frédéric Gros es profesor de filosofía en la Universidad Paris-XII. Ha trabajado ampliamente en la historia de la psiquiatría (Création et folie, PUF), la filosofía de la pena (Et ce sera justice, Odile Jacob) y el pensamiento occidental de la guerra (Etats de violence, Gallimard). Fue también el editor de las últimas lecciones de Foucault en el Collège de France.

Algo increíblemente fascinante existe en esta obra, el elemento psicológico que recorre el libro de principio a fin, los personajes, los paisajes y los escenarios son de una prodigiosidad y estructura de características independientes.

Todos los elementos de la obra interactúan uno con el otro, de forma directa o indirecta se relacionan, van de la mano construyendo una unidad de carácter épico, y los pensamientos y emociones internos brotan del interior del ser humano y de las sombras del paisaje de modo convulso para recrearnos una grandilocuente escena.

Gros ha logrado construir un libro de carácter filosófico y tintes psicológicos muy interesantes, donde la fuerza interna del ser humano es el motor alquímico de Andar. Una filosofía y la tenue sombra de las motivaciones intelectuales del hombre le agregan un agradable sabor a una lectura que es trascendental para el pensamiento del siglo XXI.

Jorge Iván Garduño

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De la podredumbre al inconveniente de haber nacido

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Emil Cioran (E. M. Cioran) nació el 8 de abril de 1911 en Rasinari, Rumania y falleció el 20 de junio de 1995 en París, Francia, y ha sido considerado uno de los más grandes escritores del siglo 20.

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Las obra de Emil Cioran –la M fue adaptada desde un inicio por el autor rumano por cuestiones de fonética y no como inicial de algún nombre como se afirmó por muchos años al decir que era por: Michel o Mihai– ha sido catalogada como una gran obra en su conjunto por ubicarse en la cumbre de la literatura universal del siglo XX.

La editorial Taurus recupera dos de los textos clave de la obra de E. M. Cioran, Breviario de podredumbre y Del inconveniente de haber nacido, aforismos, escritos en su etapa de madurez, que condensan su pensamiento de manera tan lacónica como eficaz y coherente, y constituyen un hallazgo decisivo para cualquier amante de las paradojas y la ironía

La obra de Cioran –hasta hace algunos años mítica y de difícil búsqueda–, son textos que nos invitan al diálogo interior, a la lectura en voz alta, ejercitando el recuerdo y la realidad, la historia y la existencia, la conciencia y la escritura.

Breviario de podredumbre es una obra en que el simbolismo y la perplejidad ante lo netamente humano se muestran con vigor en estos aforismos donde la inteligencia y lucidez del autor hacen las veces de la trama; los cambios de ánimo regulan el estilo; un texto formado por una mente lúcida, creada a partir de trozos de la historia del propio autor que bien podría asemejarse a un soliloquio.

Tallados con precisión, los aforismos que integran Del inconveniente de haber nacido hablan del tiempo, de Dios, de la religión, del silencio, de la muerte y del nacimiento, “una casualidad, un accidente risible”. En ellos conviven una devastadora lucidez junto a un humor sin límites, y la lógica más aplastante junto al mayor contrasentido.

Opuesto al optimismo y la autocomplacencia de un modo radical, Cioran no desalienta, tiene el talento de fortalecer. Por supuesto, como se deduce por el título, el meollo del libro lo constituyen las reflexiones en torno al hecho del nacimiento.

El filósofo rumano entiende que, más que la muerte, lo verdaderamente terrible es haber sido expulsado a un mundo del cual nada quería saber. La vida sería, en cierto modo, un estado incierto, no natural, un intermedio entre la nada de la que provenimos y a la que volveremos.

“A veces uno quisiera ser caníbal, no tanto por el placer de devorar a Fulano o a Mengano como por el de vomitarlo.”

Siempre será un placer descubrir o releer el pesimismo desaforado y el fino sentido del humor de un estilista maldito que mantuvo un fuerte halo de sombras a lo largo de su vida, que bien supo equilibrar con la brillantez de mente con la que dejó constancia en Breviario de podredumbre o Del inconveniente de haber nacido, por ejemplo.

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Más allá del nihilismo recalcitrante, éstos son de esos textos febriles que el lector debe llevar en todo momento en el morral.

Jorge Iván Garduño

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“Cuadernos de guerra”

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Barthas, tonelero, sindicalista y cabo de infantería del ejército francés, acudió a las trincheras en septiembre de 1914 y terminó siendo testigo de un conflicto que consolidó su convicción más antibelicista. Todas las vivencias quedaron recogidas en un diario que le acompañó durante cuatro años de horror: Cuadernos de guerra (Páginas de Espuma)

Un testimonio único e irrepetible que, por su contundencia, marcó una fecha en la historiografía de la Primera Guerra Mundial.

Los Cuadernos de guerra de Barthas son considerados, hoy en día, un clásico de la contienda europea y de cómo la guerra destruye “todo en el hombre, convertido bajo su uniforme en un ser anónimo”; unos hombres que “esperaban de día la noche, esperaban de noche el día, esperaban todo el tiempo la muerte”.

“Quién sabe, tal vez un día en este rincón de Artois se alzará un monumento que conmemore ese arrebato de fraternidad entre unos hombres que sentían horror por la guerra y a quienes obligaban a matarse contra su voluntad”, afirma Louis Barthas en su obra.

Su prosa ensayístico-filosófica emplea los elementos de la vida y los acontecimientos más acuciantes para desbordarse de forma plena en lo que más le interesa: su inquietud existencial y la tensión intelectual que ha de lograr con ella, magistralmente enfrenta la vida y su “yo pacifista” que, afortunada o desafortunadamente le tocó vivir.

En su experiencia como testigo-escritor, Barthas aprendió a separar la realidad de la lengua, el concepto de su contenido, o si se quiere, la ideología de la experiencia, puesto que es una cuestión crucial para el escritor, incluso desde la perspectiva de su oficio, de la técnica literaria; y se ha obligado a constatar que esta realidad no sirve ni para el objetivo de la forma artística ni para el de la transmisión artística, entre otras razones, porque es más pesadilla que realidad.

Barthas parte de la idea de que en la sociedad los valores son falsos, los conceptos incomprensibles, la existencia arbitraria, su continuidad depende de oscuras relaciones de poder, y mientras la vida domina de manera total, en su interior carece de la misma.

Hay que señalar que Louis Barthas nació en Homps (Francia) en 1879, era tonelero cuando fue llamado a filas en 1914 y retomó la misma labor después del armisticio.  Activista socialista, participó en su región para crear el sindicato de los trabajadores agrícolas y compartir las ideas pacifistas de Jean Jaurès.

Fue movilizado en el 280.º Regimiento de Infantería de Narbona como cabo. En diciembre de 1915, se unió al 296.º Regimiento de Infantería, y al 248.º en noviembre de 1917. Durante cuatro años luchó en las zonas más peligrosas del frente, como las batallas de Verdún y del Somme.

Tras regresar a su casa en Peyriac-Minervois, el estallido de otra guerra, veinte años después del tratado de paz de 1919, fue una noticia sumamente dolorosa para este socialista de ideas pacifistas que tenía entonces sesenta años de edad.

Louis Barthas murió el 4 de mayo de 1952.

Jorge Iván Garduño

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“Los jardines estatuarios”, la fascinante novela inclasificable de Abeille

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Jacques Abeille nació en 1942, también conocido como Léo Barthe es un escritor inclasificable, rondando sus textos en los límites de la filosofía y la experimentación que toma al ser humano como modelo para explorar sus divergencias dentro de la sociedad, inspeccionando con ojo de cirujano cada rasgo del individuo de modo surrealista y de forma introspectiva plasmando en su literatura extrañas formas del entorno.

Los jardines estatuarios (Sexto Piso, 2014) es una novela francesa compleja, considerada entre la literatura contemporánea como de las más enigmáticas y fascinantes, y ya ha alcanzado en Francia el estatus de obra de culto.

Abeille evoca la fascinación por el objeto, suprimiendo voluntariamente la identidad del protagonista, haciendo alusión simplemente como “el viajero”, hecho que nos recuerda que cualquiera de nosotros podríamos ser ese protagonista viajero.

Una obra en la que las figuras y sombras extrañas de una filosofía de individuos que desarrollan una interdependencia hombre-objeto motivados por cultivar estatuas recrean una sociedad fragmentada, describiendo escenas caóticas, pero de un caos donde la figura de la mujeres está ausente, por lo que los habitantes de este singular lugar estatuario se ocultan de la sociedad utilizando estas figuras como barrera ante el mundo.

En esta novela de Abeille, un viajero llega a la región de los jardines estatuarios, donde la mayoría de los habitantes son jardineros que cultivan estatuas en lugar de plantas. El viajero poco a poco va aprendiendo las costumbres de este extraño lugar, el modo en que cultivan las estatuas, cómo las ayudan a nacer, cómo las podan, el modo en que cultivan las estatuas, cómo las ayudan a nacer, cómo las podan, y cómo las curan o las matan cuando enferman, y anota todas sus observaciones en un cuaderno.

Si bien al principio cree haber encontrado una civilización ideal, una especie de paraíso perdido, pronto se da cuenta de que falta algo: no se ven mujeres por ninguna parte y nadie quiere hablar de ellas. Poco a poco, el viajero conoce las partes oscuras de esta cultura decadente, dominada  por férreas y arcaicas tradiciones: la desigualdad, la pobreza…, y oye hablar de una región situada al norte, donde un príncipe nómada, un antiguo jardinero que renegó de sus orígenes, ha creado una nueva sociedad de guerreros salvajes.

El viajero se entrevista con el príncipe y descubre que éste prepara la guerra contra la región de los jardines estatuarios. Una ola de destrucción amenaza con borrar del mapa, y de la historia misma, el antiguo legado de los jardineros.

En Los jardines estatuarios, Jacques Abeille ha creado un mundo fantástico-filosófico donde el lector verá reflejados, de una manera hermosamente deforme, algunos de los anhelos y temores más secretos que vertebran la existencia humana en sociedad tal y como la conocemos hoy en día.

Jacques Abeille nos presenta una parafilia única, con la que corremos el riesgo de maravillarnos gracias a la pluma maestra de un autor excesivamente inteligente.

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Jorge Iván Garduño

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“El territorio interior”, de Yves Bonnefoy, un autor de prosa poética

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El prolífico y activo escritor, ensayista y traductor francés Yves Bonnefoy (Tours, Francia, 24 de junio de 1923), cautiva cada día a más lectores mexicanos, muestra de eso es el galardón que obtuvo en la pasado Feria Internacional del Libro de Guadalajara, el Premio FIL de Literatura, con el cual quienes no habían tenido la oportunidad de leerlo, ya lo han hecho, y como a todos nos ha ocurrido al leer un texto de él: cautiva.

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Este es el caso de El territorio interior que publica la editorial Sexto Piso, la cual ya nos tiene acostumbrados a la calidad de sus autores, así como a las de sus ediciones, y en este caso no es la excepción.

En esta obra, Bonnefoy toma el papel de un Virgilio del siglo XXI para conducirnos a través del “arte toscano del Renacimiento y, saltando de imagen en imagen asidos de su mano atravesamos las arenas del Amber, el desierto de Gobi, el Tíbet, la antigua Roma sepultada en el desierto, Jaipur abandonada, Grecia, Capraia, Florencia, en una larga peregrinación que no termina en la negación del mundo, sino en su presencia recobrada, aquí y ahora. Porque al leer este libro habremos aprendido que el sueño, como nosotros, es mortal, y que comparte nuestra fragilidad y nuestro destino”, se lee en la cubierta de la obra.

Una obra en la que la voz poética de Yves Bonnefoy resuena en cada línea, y se impregna en nuestra memoria mostrando el porque ha sido considerado una de los poetas esenciales en la actualidad, manteniendo en todo momento una relación estrecha con las corrientes surrealistas y simbolistas.

Yves Bonnefoy, quien también es miembro del Collège de France, es hijo de quien fuera ferrocarrilero y de una enfermera, nació en Tours, Francia, en 1923, y se interesó por la filosofía y las matemáticas desde sus primeros estudios. Además de considerar la poesía como una materia que funge “un papel importante en las sociedades democráticas, al propiciar un intercambio recíproco entre las personas”.

Asimismo es considerado uno de los poetas franceses más importantes de la segunda mitad del siglo XX, y entre los poemarios que le colocado en la palestra literaria están: Anti-Platon (1953), Pierre écrite (1965) y Rue traversière (1977).

Yves Bonnefoy, un lúcido poeta y escritor que sólo busca transmitir el paisaje que percibe con su corazón, pero que al ser plasmado en el papel, ha cautivado a millones de lectores con su prosa poética cargada de amor, fatalismo y tesón.

Jorge Iván Garduño
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“La Aduana de Mar”, de Jean d’Ormesson

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Una obra que ha tenido un éxito fenomenal en Francia, ya que alcanzó ventas por más de 600 mil ejemplares, y ya se encuentra disponible en castellano, se trata de La aduana de mar (Editorial Alfaguara) del escritor Jean d’Ormesson (París, Francia, 1925).

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Una obra cautivadora, en la que desde el inicio, el narrador y protagonista de la novela, O, muere en Venecia en brazos de su esposa, pero no se angustié e lector, no le he arruinado la lectura, ya que desde el prefacio sucede este hecho, por lo que antes de que su espíritu deje este mundo vuela sobre la imponente Aduana de Mar y se encuentra con A, un peculiar extraterrestre que viene a la Tierra para estudiar nuestro planeta.

Y así, O y A revisan la historia universal y juntos redactan un curioso informe sobre la cultura humana, en el que la erudición, el humor y una profunda reflexión filosófica el narrador le explica nuestro mundo al visitante exterior y el devenir de nuestra género a través del tiempo.

Esta obra ha sido considerada como un road movie de la cultura universal, un viaje fantástico de nuestra realidad, La Aduana de Mar es la novela del mundo en movimiento, pasado y presente convergen para explicar la complejidad cultural de manera lúdica y profunda.

Es una mina de conocimiento donde los verdaderos personajes son aquellos del mundo que O relata, en el cual encontraremos momentos de la Historia humana que estremecen y cimbran los cimientos de nuestro mundo, abriendo la pregunta sobre nuestra existencia y nuestro porvenir, una sociedad en la que la tenue figura de un ente divino no tiene cabida.

Jean d’Ormesson fue director del diario francés Le Figaro, y es miembro de la Academia Francesa y es a quien se le debe el ingreso de Marguerite Yourcenar a la misma Academia, ganó en 1994 el premio RTL-Lire que cada año otorga el Salón du Livre de París, el cual es decidido por los lectores y librerías de Francia.

La Aduana de Mar , una obra infaltable en todo excelente biblioteca.

Jorge Iván Garduño
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“El reino de los murmullos”, una novela cargada de un paroxismo fatídico

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Nos situamos durante el siglo XII, y tras los muros de un castillo se encierran secretos políticos y conspiraciones contra un reino; celos de amantes desdichados o amores tormentosos e inconfesables, que para el caso es exactamente lo mismo; desgracias que se ciernen sobre personajes bucólicos y sucesos llenos de un paroxismo fatídico que aceleran el corazón con cada escena.

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Una joven quien es obligada para contraer matrimonio con alguien a quien no ama, y pese a los esfuerzos de su padre y la condena social que deberá enfrentar en la época de los señores feudales, Esclarmonde, la bella protagonista, prefiere una vida de abandono y soledad antes que verse encadenada a un hombre quien no le produce ni el más mínimo sentimiento de amor.

Esclarmonde deberá enfrentar un trágico destino por ella misma elegido: ser encerrada en una celda adjunta a la capilla del castillo, con la idea de ofrecerse en vida a Dios, y así no volver a ser objeto del deseo de hombres extraños, muy a pesar de su padre, el Rey de Los Murmullos, a quien le hierve la sangre de coraje por estar su hija en contra de sus deseos, y obvio beneficio económico y político de la familia.

Una vez trasladada a la celda de su elección, Esclarmonde se percata que se ubica en el ombligo del reino, ya que ese estrecho lugar funge como un extraño y enigmático centro neurálgico por el que “tienen” que pasar las noticias de toda la comarca y más allá.

Esta inesperada condición le aporta a su nuevo hogar el carácter de un súper medio de comunicación que se extiende en todas direcciones como si de una extensión natural de su cuerpo se tratase –bien pudiera decirlos así Marshall McLuhan–.

Los eventos van de lo extraño a lo fantástico, por lo que vamos comprendiendo a medida que avanzamos en la lectura el título de la novela, El reino de los murmullos (Tusquets Editores), en la que la escritora francesa Carole Martinez nuevamente hace gala de sus recursos literarios para engrosar la fila de sus fieles lectores.

Pero aún falta por conocer más acerca de El reino de los murmullos, porque por irreal que suene, hay una conexión entre el mundo de los vivos y el de los muertos en el que la joven Esclarmonde actúa como eje central dentro de una obra compleja que de forma inadvertida nos obsequia una narrativa dinámica e inquieta.

Y como Caja de Pandora, la celda de la joven devota destapará terribles sucesos del pasado, experimentando la revolución producto de su “medio de comunicación”, ya que poseerá información con la que ocupará un lugar preponderante en el desenlace de la cruzada por liberar a Tierra Santa… y es que dicen que, quien tiene la información, tiene el poder, y ese imperio es el más importante.

El reino de los murmullos es una novela cargada de simbolismo, que bien podría estar ligada a las obras de Jorge Luis Borges o Gabriel García Márquez si de literatura latinoamericana hablásemos, ya que su manejo de lenguaje, escritura fluida, junto al sólido argumento y elementos que fungen como mass media, se han conjugado para sorprender al mundo literario con una innovadora historia en la que Federico I Barbarroja, es el afligido padre de Esclarmonde, quien ahora ya sabe muchas cosas sobre él, y los roles cambiaran.

En definitiva, un bello libro que dejará al lector con la sensación de haber asistido a una reveladora confesión entre pasillos, sombras y la aventura por liberar Tierra Santa.

Jorge Iván Garduño
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