Archivos Mensuales: julio 2012

Sociedad herida

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Indagando por los rincones de mi mente,

Voy descubriendo resplandores de lucidez,

Una lucidez aterradora,

avasallante,

Que pretende subyugar mi mente y mi cuerpo

A un mundo estridente.

 

De pronto te das cuenta de lo infinitesimal del espacio,

De la nada que se vuelve la materia,

Del vacío que va creando el ser humano de su vida;

¡para!,

¡detente!,

¡no sigas!

Se me aturde la cabeza de tanta vaguedad.

 

El despertar a la llamada realidad,

Nos vuelve conscientes de lo absurdo,

Tonto y estúpido que es la materia vuelta sociedad

Y que algunos llaman

capitalismo,

socialismo,

neoliberalismo,

O nombre parecido sólo para saciar su sed de poder, y

anarquismo.

 

A Juan de la Selva

Jorge Iván Garduño
@plumavertical
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Jeroba

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Buen día.

Me enseñaron desde mis primeros años que la buena educación esta primero, y un buen saludo a nadie le hace daño, ni a la persona que lo da ni mucho menos a quien lo recibe.

Te has de estar preguntando que quién demonios soy yo, bien, muy buena pregunta, mi nombre es Ricardo Mendoza, y me supongo que ese nombre no te ha de decir mucho, pero para mí, quien soy la persona que lo ha llevado por los últimos cuarenta y cinco años significa mucho, al igual que debe significar algo el que lleves tú el nombre que tu madre o padre o ambos eligieran para ti… y mucho más si tu nombre es Ricardo Mendoza, ya que encontraras afinidad con el creador de estas líneas.

Siempre he sabido que los nombres sirven para dar identidad a los objetos y a las personas. Un nombre puede revelarnos mucho acerca de una persona, e incluso algunas de sus características, pero es con el trato y la relación del día a día como uno llega verdaderamente a conocer a los demás.

A mí no me basta saber el nombre de otras personas para conocerlas, la mayoría de las veces sus nombres me parecen simples y no me dicen nada acerca de ellas; no quiero que mal interpretes mis palabras, pero debo suponer que tú, al igual que yo, mi solo nombre no te es suficiente para conocerme y saber más de mí; bien, lo entiendo.

Soy originario del estado de Michoacán, nací en un pequeño pueblo religioso de nombre San Lucas, el cual no ha de superar los tres mil habitantes. Ahí mis padres (fieles creyentes de la religión católica), me educaron bajo los estrictos cánones de su religión, junto a mis seis hermanos y con todo el sacrificio que significó para…

 
Jorge Iván Garduño
@plumavertical

El aroma en tu cuerpo

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Percibo el olor de tu pelo

El suave aroma de tu cuerpo

Como si me hubieses atrapado en un sueño

Siendo tu prisionero me encuentro.

En bella jaula de amor encerrado

Sólo esta tibia noche a tu lado

A tus palabras me someto

A tus caricias me entrego

Por tus deseos me desnudo el cuerpo.

Sin fatiga memorizo con mis dedos

Como naufrago en tu cuerpo

Las líneas cinceladas de tus pies al cabello

Sintiendo tu aliento recorrer mi pecho.

Dejas que humedezca tus labios

Entre mis labios,

Tranquilo,

Atrapado,

Sereno,

Me embriaga el aroma de tu cuerpo.

Cada latido de amor

Que hace mi corazón

Es semejante a una oración

Que solicita de lo alto su bendición.

Por las cortinas de seda se filtran

La delicada silueta de la media luna,

La luz remota de una estrella perdida

Y la bruma que asalta mi habitación en la madrugada

Para de mi lado arrancarte cual embriagadora fantasía.

Julio 13, 2010

@plumavertical

Suspiro de luz

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Un tenue suspiro de luz se filtra por la ventana que apenas si deja pasar la gruesa cortina, esto, aunque no permite iluminar la habitación, sí nos concede distinguir las sombras frías, grises y alargadas de los objetos que nos recrean un paisaje que bien parece sacado de un fresco de Piero Della Francesca.

Se vierte en una taza un líquido blanco y cremoso como cada mañana, deteniéndose un par de centímetros previos al borde. Se eleva el caliente vapor como un camino que en su intento por alcanzar el cielo es detenido por el mugroso techo. La bebida de Don Antonio López Trejo está lista.

Jorge Iván Garduño
@plumavertical

Bella alma mía

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Duermes,

Cobijada por mis manos,

Has caído en un profundo sueño,

Me recuerdas a ese cuento,

Que las mamás te leen de pequeño,

Mi durmiente amada,

Tanta medicina hace que pierdas tu alegría,

Entiendo que no soy ese caballero

que viene a rescatarte con espada afilada,

Ni tampoco el príncipe azul del cuento

que ha vencido dragones

ciclones

o escalado lo más alto de diez mil torres,

Eres mi bella amada,

Y yo sólo un hombre que te ama,

Que escalaria veinte mil torres,

Atravesaría cien ciclones,

Y me enfrentaría a todos los dragones,

No por ser el principe azul de un cuento,

O el valiente caballero

que nunca nada

ni nadie le puede hacer nada,

Sino el hombre que quiere compartir mil batallas,

Junto a la mujer que sueña,

No con su principe azul o valiente caballero

Sino con el verdadero hombre que

comparta y haga suyas

sus batallas.

12:5315072010

@plumavertical

Memoria infinita [Para Gabriel García Márquez]

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Recuerdo tu rostro,

Ese rostro sonriente, avispado,

Que inevitablemente al correr de los años deja su huella imborrable

 

Como tantas huellas dejas tú

Por las calles de Cartagena

De tu hermosa Colombia

 

Y en nuestros corazones de quienes somos tus fieles lectores

Cómo poder olvidar ese extraño lugar llamado Macondo

En el que las mariposas amarillas revolotean libres

Y se posan sobre la casa de los Buendía:

Úrsula, Aureliano o Amaranta

 

Cien años de soledad pueblan este inmenso espacio

Y sí… confirmado está

Tus recuerdos se retiran del escenario

Me entristece saber que nos vas a olvidar

Y ahora nos tocará a nosotros a ti diariamente la historia volver a contar

 

Pienso que dejaste en tus libros tu memoria

Una memoria infinita, vasta,

Que con cada línea trazada

A cada palabra plasmada

Con cada obra publicada

Nos obsequiaste lo más entrañable de tu alma

 

Gracias maestro

Con profundo respeto

Para ti

Gabo.

Jorge Iván Garduño
Versalles, Ciudad de México
@plumavertical

Días de guardar

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Como un suspiro que se destroza con el viento

La carne trémula de nuestros años

Se desgarra pidiendo libertad

Encadenando mis manos a mi cuerpo

Mi corazón a mi pecho

Y mis pies enraizados al suelo

Me rebelo a mis sentimientos

Y mi alma se perturba con tu adiós

Se quiebra nuestra voz

Tus palabras no dicen lo que tu alma calla

Tu silencio habla lo que callan tus palabras

Percibo ese débil susurro desahuciado

En lo que se ha convertido nuestro diálogo

Una escena brutal de dos amantes sospechosos

Que se retiran por caminos solitarios

La mirada atraviesa el alma

Como el sendero que el relámpago ilumina

Haciendo que tiemble tu corazón de niña

Y mi mano se anime a tu mejilla acariciar

Acercando mi cuerpo ¡quiero gritar!

Pedirte que te quedes por lo menos un día más

No puedo articular muchas palabras

En los últimos años me has estropeado

Con el danzar de tus caderas

El movimiento de tus piernas

Y el exuberante sabor de tu cuerpo almendrado

Intenso aroma en la habitación deja tu cabello

Como el camino que marca en el desierto un camello

O la mujer que se impregna en el corazón del hombre como sello

Esta llama se apaga y ya brinda el último destello

Me alejo con convicción

Desterrado pero con la mirada al sol

Tranquilo, emocionado, recordando lo que fue nuestra canción

Las hojas del otoño danzan por mi rostro

Mis zapatos a cada paso se ensucian con el polvo

Brinco uno, dos, tres charcos

Ya te dije adiós.

@plumavertical

La Fuga [Fragmento]

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–Silencio– dice el muchacho con voz entrecortada.

Avanza con lentitud y el corazón palpitante por un callejón estrecho, mientras que por los flancos se elevan grandes estructuras de departamentos que imponentes hacen sentir su aplastante presencia.

Luego de varias horas de una lluvia intensa en la ciudad, la negrura de la piedra de la que está formado el suelo, sustenta ya grandes, ya pequeños charcos de agua.

Es casi media noche… el ambiente está en calma y prácticamente es posible respirar –si fuera esto posible– un silencio abrumador.

Sopla un viento frío que como olas en el mar embravecido rompe sobre la piel del muchacho, al tiempo que un anciano permanece recargado, exhausto, sobre el dintel de una casa ubicada al inicio del callejón. El endeble viejo observa con vista cansada el camino que le espera por delante, sin ánimos de adentrarse a ese lugar hostil.

Sin energía, el joven hace un esfuerzo por animar a su viejo amigo posando su mano derecha sobre la espalda de éste y al instante advierte la humedad de las ropas de su compañero. ¿Pero, cómo es esto posible?, se pregunta el muchacho, y es que se resguardaron del torrente.

Nuevamente repite el movimiento, el roce en esta ocasión resulta más prolongado, lo que le permite percatarse de que esa humedad no es producto de la llovizna… es sudor, sudor que brota de esa piel longeva mal oliente por la excitación del momento… está empapado, hirviendo en sudor salado.

Avanzan más deprisa -deben seguir, el chico lo sabe bien-, si no se apresuran en breve les darán alcance y será en vano todo esfuerzo hasta este momento realizado.

El abuelo se abre paso a través del solitario callejón, por su mente deambulan rostros abatidos, indiferentes, tal parece ser una premonición sicalíptica; apoya su peso sobre su amigo recargando una mano sobre él, mientras desliza con suavidad la otra por la rugosa piedra que conforma la pared del lugar.

Sin la velocidad esperada, se internan en un herrumbroso paisaje dominado por sombras disonantes que se cruzan en su camino buscando ser cómplices de estas almas prófugas, mas sus perfectas antagonistas resultan ser tres grandes bombillas industriales que se levantan aproximadamente cinco metros por encima de ellos, dos a su derecha y una a la izquierda, frente a ellos.

Tres atalayas que observan cada uno de los movimientos permitiéndoles que se acerquen para -en el momento indicado- aplastarlos sin conmiseración.

Con pequeños y muy breves pasos, ahora avanzan pausadamente hasta donde les permiten sus pies entumecidos continuar su periplo. El agua se filtra ya por el par de zapatos del más joven, y las mejillas de su compañero comienzan a ceder al frío, al tiempo que las narices de ambos han sucumbido al aire helado que como vidrio cortante se quiebra frente a sus rostros.

A cada respiro se saben acorralados, sienten en el fondo de sus pechos el cruel efecto vibratorio de los pasos de aquellos a quienes tanto temen.

Jorge Iván Garduño
@plumavertical